El camino de la inspiración

El primer fundamento: el designador

Es Dios Glorificado y Altísimo o la realidad.

Hay dos caminos para la aceptación de la existencia de una realidad oculta y ser testigo de que existe en este mundo:

El primero: el camino de la inspiración

{Di: «Ciertamente, yo soy un ser humano como vosotros. Se me ha revelado que vuestro dios es un dios único. Así pues, quien espere el encuentro con su Señor, que haga obras buenas, y que no asocie en su adoración a su Señor a nadie»}, Sagrado Corán – sura “Al-Kahf” (La caverna), 110.

Cualquier ser humano debe ser consciente de que es ilógico taparse los oídos para no escuchar detrás de una pared y luego decir —obstinada e insistentemente— a los que escuchan que no hay nada detrás de la pared. Se supone que primero abra los oídos e intente escuchar y si no escucho como los demás puedo determinar que no hay nada detrás de la pared.

En verdad, el camino de la inspiración es el camino más fundamental y noble, y su principio es la aceptación de la existencia de la realidad (o Dios Glorificado sea). Pero este se extiende hasta más allá de esta aceptación y llega hasta el conocimiento, que es la razón de la creación.[1] Esto puede comenzar con la voluntad de escuchar la realidad y seguir con la imparcialidad y la sinceridad hacia la realidad existente en este universo, hasta que el espíritu del ser humano escuche la realidad sabia y se le demuestre la existencia y la sabiduría. Luego comenzar así su viaje al conocimiento y escuchar de Dios y de sus mensajeros con la inspiración en las visiones y las revelaciones. Incluso llegar al punto de que el ser humano escuche hasta en los objetos inertes.[2] Este es el camino de los profetas y patronos, y se supone que sea el camino de todo hijo de Adán. Pero se apartan de su Señor mientras Él los llama y se preocupan de este mundo sin prestar atención. Talvez sus acciones fueran maliciosas, como la hostilidad a los patronos de Dios, hasta que sus corazones queden cubiertos por el moho y ya no escuchen ni entiendan. {Pero no. Se apoderó de sus corazones lo que se estaban ganando}, Sagrado Corán – sura «Al-Mutaffifin» (Los defraudadores), 14.

Y dado que este camino, como he aclarado, se extiende más allá de la aceptación, no importa si ampliamos un poco la cuestión del conocimiento, que es la razón de la creación del ser humano.

El conocimiento: {Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que me sirvan}, Sagrado Corán – sura «Ad-Dariyat» (Los vientos huracanados), 56.

El ser humano, en esencia, fue creado para conocer a Dios, porque fue creado a su imagen. Es decir, que el ser humano es la manifestación de Dios en los mundos de la creación. Así pues, esta imagen, como la conocemos, habla de la realidad en cierta medida. Pero cuando la gente en general se aparta del camino de Dios, se preocupa por este mundo y desatiende a su Señor. Los que de ellos en particular recuerdan son solo unos pocos, como las estrellas brillantes en la oscuridad del cielo. Es la voluntad de Dios —por su misericordia— elegir mensajeros entre aquellos sabios que recuerdan y escuchan, y enviarlos para hacer recordar a los que están desatentos preocupados por este mundo, para que les haga conocer el camino y camine con ellos hacia Dios. Para que se salven algunos de esos que están desatentos, para que recuerden y sepan por el favor de Dios y el favor de aquellos primeros salvos. Por lo tanto, en esencia, todos los seres humanos recuerdan y no necesitan de alguien que les haga recordar. Así que si hay un mensajero se supone que lo reconozcan, aunque él mismo no se anuncie.

{Y guardaos de Dios, que os enseña Dios. Y Dios es de cada cosa Omnisciente}, Sagrado Corán – sura «Al-Báqara» (La vaca), 282.

{Di: «Ciertamente, yo soy un ser humano como vosotros. Se me ha revelado que vuestro dios es un dios único. Así pues, quien espere el encuentro con su Señor, que haga obras buenas, y que no asocie en su adoración a su Señor a nadie»}, Sagrado Corán – sura «Al-Kahf» (La caverna), 110.

Aunque estén desatentos, se supone que el recordador (el mensajero) —aquel que Dios les envió para que tomen juntos el camino que aquellos perdieron por su desatención— no necesite mucho para hacerlos recordar.

Por el contrario, se supone que el califa de Dios no necesite más que anunciarse. Se supone que los hombres sean capaces de reconocer al califa de su Señor y de su dios, aquel con el que siempre pueden comunicarse y preguntarle sobre su mensajero. Este es el fundamento que las personas conservan en su naturaleza y humanidad aunque estén desatentos. Por eso el Corán aclara que los profetas y Abraham no necesitaban más que anunciar su convocatoria, es decir, llamar: {Y llama a los hombres a la peregrinación, han de venir a ti a pie y sobre todo camello delgado, viniendo desde cada desfiladero recóndito}, Sagrado Corán – sura «Al-Hayy» (La peregrinación), 27. La aleya es clara: Llama, Abraham, y los hombres vendrán a ti de prisa apenas sepan con tu anuncio de la convocatoria de Dios que traes,[3] porque recordarán, se comunicarán con su Señor y sabrán por Él la cuestión de su mensajero y su verdad. Es más, se supone que recuerden como tú y que te reconozcan antes de que tú llames. Pero lamentablemente, han quedado ocupados con este mundo hasta que tú les hiciste recordar y darse cuenta.

Por lo tanto, la gente ha de venir a ti apenas te anuncies. En cuanto a los que no son gente, o aquellos que han invertido su naturaleza hasta no merecer ser llamados gente, claro que no se beneficiarán con ningún llamado ni con ninguna otra cosa. Entre la gente y quienes han invertido su naturaleza hay muchos que han contaminado su naturaleza y su alma en alguna medida. Estos necesitan otras cosas aparte de un anuncio o un llamado, a las cuales llamamos evidencias para conocer al califa de Dios, o ley para conocer al Argumento.

Por su misericordia, el Glorificado Altísimo no sólo envió mensajeros, aunque esto ya era un favor suyo —Glorificado sea—, sino que además ordenó a sus mensajero anunciar sus convocatorias, a pesar de lo que tendrían que soportar los mensajeros y amados del Glorificado a manos de sus enemigos por este anuncio. Es más, por la extensión de su misericordia —Glorificado sea y Altísimo— no solo hizo todo esto, sino que envío con sus mensajeros señales y evidencias (evidencias claras y obvias para todo buscador de la verdad) hasta no dejar excusa ni argumento para el que discuta, sin importar lo débil que fuera la excusa o lo inválido del argumento. {Mensajeros albriciadores y advertidores para que no tengan los hombres contra Dios ningún argumento después de los mensajeros. Y ha sido Dios poderoso, sabio}, Sagrado Corán – sura «An-Nisá» (Las mujeres), 165. Y aunque este argumento ellos —como he explicado— no era ningún argumento real, no obstante el Generoso y Misericordioso lo consideró un argumento de ellos, por la grandeza de su generosidad. Así que envió mensajeros con señales y evidencias, para arrancar de raíz este argumento imaginario. Y aún con esto —lamentablemente—, los rebeldes faltos de vergüenza a los que Dios concedió una oportunidad tras otra sin que las merezcan, pedirán otra oportunidad: {Dijeron: «Señor nuestro, nos has hecho morir dos veces y nos has hecho vivir dos veces. Así pues, hemos reconocido nuestros pecados. ¿Acaso hay pues, hacia la salida algún camino?»}, Sagrado Corán – sura «Gafir» (Perdonador), 11.

Pero para ilustrar más esta cuestión pondré este ejemplo: tienes una tarea y la encargas a cierta persona. Y no la cumple por negligencia y pereza. Luego, cuando le preguntas «¿por qué no has cumplido con la tarea?» viene a ti con excusas débiles y falsas. Te dice por ejemplo: «Necesito esto y aquello para cumplir con esta tarea». Entonces tú, para terminar con sus excusas y débiles argumentos —sabiendo tú que son débiles excusas y mentiras— realizas lo que te pide. De esta manera, es como si tú consideraras que son excusas y argumentos verdaderos. Como dice el famoso refrán: «sigue al mentiroso hasta el umbral de su puerta». {Y si los hubiéramos destruido con un tormento antes de ello, habrían dicho: «Señor nuestro, ¿por qué no has enviado a nosotros un mensajero para que sigamos tus señales antes ser humillados y desgraciados?»}, Sagrado Corán – sura «Ta Ha» (Ta Ha), 134. Pues la cuestión viene por esta puerta y que nadie se imagine que los hombres tengan algún argumento real contra Dios. Es igual que haya enviado o no a algún mensajero. Es igual que el mensajero haya venido con señales, evidencias y pruebas, o con las manos vacías y solo el recuerdo de Dios.

Por tanto, lo que se pide a cada ser humano es que recuerde y sea sincero, para ser un profeta inspirado que conoce la realidad y lo que quiere de él su Creador, Glorificado sea. Dios lo ha dotado de esto y lo ha creado para esto. Él está a prueba, para que se cumpla así {Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que me sirvan}, Sagrado Corán – sura «Ad-Dariyat» (Los vientos huracanados), 56. {Y guardaos de Dios, que os enseña Dios. Y Dios es de cada cosa Omnisciente}, Sagrado Corán – sura «Al-Báqara» (La vaca), 282.

{Di: «Ciertamente, yo soy un ser humano como vosotros. Se me ha revelado que vuestro dios es un dios único. Así pues, quien espere el encuentro con su Señor, que haga obras buenas, y que no asocie en su adoración a su Señor a nadie»}, Sagrado Corán – sura «Al-Kahf» (La caverna), 110.

Pero lamentablemente la mayoría de los seres humanos se inclinan hacia la oscuridad de este mundo físico y descuidan a su Señor. Y no toman este camino, que es el camino de inspiración, sino unos pocos, como los profetas, los mensajeros y los patronos de Dios, Glorificado sea. Pues Dios abrió para los demás hijos de Adán un camino intermedio, o un califa que los une y les enseña. De esta manera, con la apertura de este camino intermedio, aparecen otros dos fundamentos conectados con el designador que debe conocerse, Glorificado sea: el califa y el mensaje que lleva para comunicar.


[1] {Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que sirvan}, Sagrado Corán – sura «Ad-Dariyat» (Los vientos huracanados), 56. Es decir, para que lo conozcan.

[2] Los objetos inertes o la materia en general son la fuente de la vida de las bacterias, las plantas y los animales. Además, cada manifestación de la vida, como la reproducción, el crecimiento y el movimiento no son sino procesos químicos si las observamos dentro de los límites de este mundo material. Así que no hay ninguna diferencia real entre las plantas, los animales, las bacterias y los objetos. La única diferencia está en el modo que la composición de esta materia le da capacidad al proceso de autorreplicación y en lo que se produce a través del proceso de evolución.

[3] Esto es lo que dijeron los herederos de Abraham (con él sea la paz), aquellos sabios devotos a Dios de la progenie de Abraham (con él sea la paz), cuando Abraham (con él sea la paz) los asentó por orden de Dios cerca de la casa inviolable [la Kaaba] para que sean ellos los imames de los hombres que llamen a la peregrinación y realicen el azalá, es decir, para que establezcan la religión de Dios Glorificado después de su padre Abraham (con él sea la paz). Así que los hombres debían ir a ellos como había sido antes el deber de sus padres de ir a Abraham (con él sea la paz). {Señor nuestro, he asentado parte de mi descendencia en un valle carente de siembra junto a tu casa sagrada, Señor nuestro, para que establezcan el azalá. Así pues, haz que los corazones de los hombres se inclinen hacia ellos, y proveelos de los frutos. Quizás hayan de agradecer}, Sagrado Corán – sura «Ibrahim» (Abraham), 37.
En Al-Kafi de Al-Kulaini, vol. 1, págs. 392-393:

– De Alí Bin Ibrahim, de su padre, de Ibn Abi Amir, de Ibn Adina, de Fadil, de Abu Yafar (con él sea la paz) que dijo: «Esta mirando a los hombres circunvalar la Kaaba y dijo: “Así la circunvalaban en el tiempo de la ignorancia. Solo se les ordenó circunvalarla, luego venir a nosotros, mostrarnos su lealtad y su respeto, y ofrecernos su apoyo”. Luego recitó esta aleya: “{Así pues, haz que los corazones de los hombres se inclinen hacia ellos}”».

– De Al-Husein Bin Muhammad, de Maala Bin Muhammad, de Alí Bin Asbat, de Daud Bin An-Naamán, de Abu Ubaida que dijo: «Escuché a Abu Yafar (con él sea la paz) —viendo a los hombres en Meca y lo que hacían». Dijo: «Y él dijo: “Lo hacen como se hacía en el tiempo de la ignorancia. ¡Por Dios!, ¿acaso les ordenó esto? Solo se les ordenó que realizaran su circunvalación, que fueran leales a su promesa, que caminaran con nosotros, que nos informen su lealtad y que nos ofrecieran su apoyo”».

– De Alí Bin Ibrahim, de Saleh Bin As-Sanadi, de Yafar Bin Bashir, de Muhammad Bin Yahia, de Ahmad Bin Muhammad Bin Isa, de Ibn Fadal Yamia, de Abu Yamila, de Jalid Bin Ammar, de Sadir que dijo: «Escuché a Abu Yafar (con él sea la paz) mientras él entraba y yo salía, pues tomó mi mano, se volvió hacia la Casa y dijo: “Oh, Sadir, se ha ordenado a los hombres venir a estas piedras, circunvalarlas y luego venir a nosotros, mostrarnos su lealtad a nosotros y de esto dijo Dios: {Y ciertamente, he de ser perdonador con quien se arrepienta, crea y obre bien. Luego, habrá sido guiado}” —poniendo luego una mano en su pecho— “hacia la lealtad a nosotros”. Luego dijo: “Oh, Sadir, ¿te hago ver a los que entorpecen la religión de Dios?”. Entonces miró a Abu Hanifa y a Sufián Az-Zauri que en ese momento estaban reunidos en la mezquita y dijo: “Aquellos son los que entorpecen la religión de Dios. No tienen guía de Dios ni libro claro. Si aquellos… (…) … se hubieran sentado en sus casas, los hombres habrían deambulado y no habrían encontrado a nadie que les informara de Dios Bendito y Altísimo y de su Mensajero (bendígale Dios y a su familia) hasta que vinieran a nosotros y les informáramos de Dios Bendito y Altísimo y de su Mensajero (bendígale Dios y a su familia)”».


Del libro Creencias del islam del Imam Ahmed Alhasan (a)