Se ha narrado en muchos informes que el que retiene el azaque es un infiel.[1] Al-Baqir (a) dijo: «Lo más duro en lo que estarán los hombres el Día de la Resurrección será cuando se levante el dueño del quinto (jums) y diga: “Oh Señor mío, ¡mi quinto!”».[2] Y el Imam del Tiempo, que Dios apresure su noble alivio, dijo: «Quien coma algo de nuestros bienes tendrá fuego en su vientre y será asado en un fuego abrasador».[3]
El pago del quinto y del azaque tiene un bien en la Vida Mundanal y en la Última Vida, bendice los bienes y los incrementa. Dijo el Enaltecido: {Ciertamente, los que recitan el libro de Dios y levantan el azalá, gastan de lo que les hemos provisto, secretamente y públicamente, esperan un negocio que no será infructuoso * Para que Él les pague completamente la retribución de ellos y les aumente de su favor. Ciertamente, Él, es Perdonador, Agradecidísimo}.[4]
Quizás lo más importante que debes saber es que quien no entrega de sus bienes por la causa de Dios, no se entrega a sí mismo por la causa de Dios. Así pues, el que no entrega el quinto y el azaque no combatirá en la fila del Imam, la Autoridad (a). Es más, no sería extraño que hiciera la guerra al Imam (a) si la justicia del Imam (a) se opusiera a sus intereses personales. Debes observar con ojos equitativos que todos los bienes pertenecen a Dios, pues Él es el dueño de todas las cosas. Aun así, ha puesto para ti cuatro quintos, lo cual te pone como a un sucesor. Y estás obligado a entregar el quinto y el azaque para expresar tu obediencia a Él, tu amor a Él y a su Mensajero (s), y a su descendencia. No es que Dios tenga una necesidad de estos bienes, pues hoy tú los gastas en los pobres y mendigos, si lo entregas.
Pongo un ejemplo: El dueño de un campo lo da a sus trabajadores y les dice: «Trabajad en él y tomad cuatro quintos de la producción. El quinto que quede entregadlo a vuestros vecinos pobres; porque no quiero que anden hambrientos o desnudos». Y los trabajadores codician hasta el quinto y lo devoran. ¿Acaso se ve a alguien más noble que el dueño del campo? ¡¿Y acaso se ve a alguien más avaro que a aquellos trabajadores?! Y la alabanza a Dios, Señor de los mundos.
[1] Fue narrado de As-Sadiq, de sus padres (a), en el testamento del Profeta (s) a Alí (a), que él dijo (a): «Oh Alí, diez de esta nación no creerán en Dios, el Excelentísimo». Y entre ellos mencionó: «El que retenga al azaque». Luego dijo: «Oh Alí, Dios no aceptará el azalá de ocho de ellos». Y entre ellos mencionó: «El que retenga al azaque». Luego dijo: «Oh Alí, quien retenga un quilate del azaque de su dinero no es creyente, ni musulmán, ni digno. Oh Alí, el que abandone el azaque, pedirá a Dios regresar a la Vida Mundanal. De esto habló el Glorioso y Majestuoso: {Hasta que, cuando llegue a uno de ellos la muerte, diga: «Señor mío, hazme regresar»}. Wasail ash-Shia (familia de la casa), vol. 9, pág. 34.
[2] Al-Kafi, vol. 1, pág. 547, Man La Yahdarahu al-Faqih, vol. 2, pág. 43.
[3] Kamal ad-Din Wa Tamam an-Naama, pág. 521, Wasail ash-Shia (familia de la casa), vol. 9, pág. 541.
[4] Sagrado Corán – sura Fatir (Originador), 29-30.
Extracto del libro El yermo o el camino a Dios de Ahmed Alhasan (a)