La contraparte ideológica a la democracia – (La doctrina del reformador mundial esperado)

Todas las religiones divinas reconocen la soberanía de Dios, Glorificado y Altísimo. Pero los hombres han rechazado esta soberanía, y la gran mayoría no la ha reconocido, excepto unos pocos como el pueblo de Moisés (a) con la alianza de Saúl o los musulmanes con la alianza del Mensajero de Dios (s). Sin embargo, no cumplieron con el mensajero de Dios (s) e incluso volvieron a oponerse a la soberanía de Dios Glorificado y reconocieron la soberanía de los hombres con la consulta, las elecciones y el cobertizo de los hijos de Banu Saida que apartaron al Sucesor Alí, el hijo de Abu Talib (a).

Hoy todos pregonan la soberanía de los hombres y las elecciones. Es igual que sean eruditos o la gente en general, aunque la gran mayoría de ellos reconoce que el califa de Dios en la Tierra es el dueño de la verdad. Pero este reconocimiento sigue siendo como una creencia débil abrumada por una lucha interna entre lo exterior y lo interior.

Así viven las personas, y especialmente los eruditos inoperantes, en un estado de hipocresía que perturba sus almohadas y los deja vacilando, obrando a ciegas. Pues ellos saben que Dios es verdad, que la soberanía de Dios es verdad, que la soberanía de los hombres es falsa y que se opone a la soberanía de Dios sobre la Tierra. Pero no respaldan la verdad y apoyan lo falso.

Estos son los eruditos del Fin de los Tiempos, los juristas más perversos bajo la sombra del cielo, de ellos sale la tribulación y a ellos regresará, como el Mensajero de Dios (s) nos informó acerca de ellos: «Vendrá un tiempo a mi nación en el que no quedará del Corán sino su nombre, ni del islam sino su nombre. Se harán llamar a través de él y serán los hombres más lejanos de él. Sus mezquitas estarán pobladas y serán ruinas de la guía. Los juristas de ese tiempo serán los juristas más perversos bajo la sombra del cielo. De ellos sale la tribulación y a ellos regresará».[1]

Es como si no hubieran escuchado las palabras del Comandante de los Creyentes (a): «No abandonéis el camino de guía por los pocos que lo toman».[2] Es como si no hubieran escuchado decir al Mensajero (s): «El islam empezó como algo extraño y volverá a ser extraño como empezó. Así pues, bienaventurados los extraños».[3]

Pero no, por Dios, ellos han escuchado estas palabras y las han comprendido, pero este mundo les ha endulzado los ojos y sus adornos los han encandilado. Se han reunido en torno a carroña para comer, quedando expuestos. Se agotaron sus ardides y no hallaron más opción que buscar este mundo a través de la religión. Quienes dicen ser eruditos de los musulmanes shiíes no encontraron más opción que deshonrar la santidad del Comandante de los Creyentes (a) añadiendo una nueva herida a sus heridas y una úlcera que desangra sus entrañas. De esta manera, los imames de la perdición, los eruditos inoperantes regresaron con la desgracia del cobertizo de los Bani Saida como el primer día, allanando el camino para romperle de nuevo la costilla a Az-Zahra. Pero esta vez es al Imam Al-Mahdi (a), pues es un día como el día del Mensajero de Dios (s) y una descendencia como la descendencia del Mensajero de Dios (s). Ayer fueron Alí (a) y su hijo, hoy es el Imam (a) y su hijo. ¿Habrá pues, alguien sensato que se salve del fuego, escape del puño de los infieles de Quraish en este tiempo y se fortalezca con la adhesión a los patronos de Dios Glorificado?

Que no os engañe el demonio (maldígalo Dios) y os haga santificar a los eruditos inoperantes que hacen la guerra a Dios y a su Mensajero adulterando su sharía. Comparad sus palabras y sus acciones con el Corán, la tradición del Mensajero y de la gente de su casa (a), y los encontraréis a ellos en un valle y al Mensajero y al Corán en otro. Maldecidlos como los maldijo el Mensajero de Dios (s), y renunciad a ellos como renunció a ellos el Mensajero de Dios (s). Puesto que él le dijo a Ibn Masud:

«Oh, Ibn Masud, el islam empezó como algo extraño y volverá a ser extraño como empezó. Así pues, bienaventurados los extraños. Quienes de vuestra descendencia lleguen a ese tiempo —es decir, al tiempo de la aparición del Imam Al-Mahdi (a)— pues, que no les den la paz en sus reuniones, ni acompañen en sus procesiones, ni visiten a sus enfermos, pues ellos afirmarán seguir vuestra tradición y aparecerán con vuestra convocatoria pero contradirán vuestras acciones. Así pues, morirán en un credo diferente al vuestro. Aquellos no son de mí, ni yo soy de ellos…»

Hasta que dijo (s): «Oh, Ibn Masud, llegará un tiempo a los hombres en que el paciente con su religión será como el que sostiene en la palma de su mano una brasa y habrá de ser en ese tiempo como un lobo para no ser devorado por los lobos. Oh, Ibn Masud, sus eruditos y sus juristas serán pérfidos e inmorales, serán los más inicuos de la creación de Dios. Igualmente sus seguidores, o quienes se alleguen a ellos, o tomen de ellos, o los amen, o se sienten con ellos, o los acompañen serán los más inicuos de la creación de Dios. Él los hará entrar al fuego del Infierno, sordos, mudos, ciegos, así pues, no regresan. Y hemos de reunirlos el Día de la Resurrección sobre sus rostros, ciegos, mudos, sordos. Su albergue será el Infierno. Cada vez que se extinga hemos de aumentarles el fuego abrazador. Cada vez que se les consuma la piel les cambiaremos la piel por otra para que degusten el tormento. Cuando sean arrojados dentro escucharán de él una inhalación que hierbe. Casi revienta de furia. Cada vez que quieran salir de allí de la angustia, se les hará regresar allí y se les dirá “saboread el tormento abrasador”. Para ellos allí hay suspiro y ellos allí no escuchan.

Oh, Ibn Masud, ellos afirmarán estar en mi religión, en mi tradición, en mi camino y en mi sharía, pero ellos han renunciado a mí y yo he renunciado a ellos.

Oh, Ibn Masud, no os sentéis con ellos en grupo, ni comerciéis con ellos en los mercados, ni los guieis hacia el camino, ni les deis de beber agua. Dijo Dios Altísimo:

{A quienes quieran la vida de este mundo y sus adornos les pagaremos completamente por sus obras allí, y allí no se les menoscabará}.[4] Dios Altísimo dice: {A quien quiera la labranza de la otra vida hemos de aumentarle en su labranza. Y quien quiera la labranza de este mundo hemos de darle de ella y no tendrá en la otra vida parte}.[5]

Oh, Ibn Masud, con mucha frecuencia mi nación experimentará enemistad, odio, disputas por aquellos de esta nación que son despreciables en su vida mundanal. Por aquel que me ha enviado con la verdad, que Dios hará que se los trague la tierra y los transformará en simios y cerdos.» Dijo: Entonces el Mensajero de Dios lloró. Nosotros lloramos por su llanto y dijimos: “Oh, Mensajero de Dios, ¿qué te hace llorar?” Dijo: «Por misericordia por los desgraciados. Dijo el Altísimo: {Y si vieras cuando sean aterrorizados, pues no habrá escape, y sean arrebatados desde un lugar cercano}»,[6] se refiere a los eruditos y juristas.

«Oh, Ibn Masud, quien aprende una ciencia por querer este mundo y prefiera antes que a ella el amor por este mundo y sus adornos, merece la cólera de Dios y estará en el abismo más bajo del fuego con los judíos y los cristianos que abandonaron el libro de Dios Altísimo. Dijo Dios Altísimo:

{Cuando llegó a ellos lo que ya conocían descreyeron de ello. Así que la maldición de Dios sea sobre los infieles}.[7]

Oh, Ibn Masud, a quien aprenda el Corán por este mundo y sus adornos Dios le prohibirá el Paraíso.

Oh, Ibn Masud, a quien aprenda un saber y no obre con él Dios lo congregará el Día de la Resurrección ciego. A quien aprenda un saber por aparentar y por reputación, buscando con esto este mundo, Dios lo alejará de su bendición, pondrá su vida en apuros y lo hará fiarse de sí mismo. Y a quien Dios lo hace fiarse de sí mismo pues, ya ha sido destruido. Dijo Dios el Altísimo:

{Así pues, quien espere el encuentro con su Señor, que haga obras buenas y que no asocie en su adoración a su Señor, a ninguno}.[8]

Oh, Ibn Masud, que tus compañeros de mesa sean los justos y tus hermanos los piadosos y ascetas, porque el Altísimo dijo en su libro: {Los compañeros, ese día, unos serán para otros enemigos, excepto los devotos}.[9]

Oh, Ibn Masud, debes saber que ellos ven lo reconocido como detestable y lo detestable como reconocido. Por eso, Dios ha puesto una marca en sus corazones y no hay entre ellos ningún testigo de la verdad ni soporte de la justicia. Dijo Dios Altísimo:

{Sed guardianes de la equidad como testigos de Dios, aunque fuera contra vosotros mismos y los dos padres y los parientes}.[10]

Oh, Ibn Masud, ellos rivalizan en mérito por sus abolengos y riquezas…}.[11]

Este es el caso de esos eruditos inoperantes en la lengua del Mensajero de Dios (s); porque ellos dicen ser musulmanes y shiíes, y al mismo tiempo aprueban el desplazamiento de Alí (a) y oprimen a Alí (a). Así que la maldición de Dios sea sobre todos los desviados y desviadores que se han designado a sí mismos imames para los hombres, ídolos y divinidades para ser adorados sin Dios.

Lo importante para la gente en general es evitar seguir a los eruditos inoperantes; porque ellos reconocen la soberanía de los hombres, las elecciones y la democracia que trajo América (el Anticristo Mayor). Depende de los hombres reconocer la soberanía de Dios y seguir al Imam Al-Mahdi (a). Y si no, ¿qué dirán los hombres a sus profetas e imames? ¿Acaso es algo oculto para alguien que todas las religiones divinas reconocen la soberanía de Dios y rechazan la soberanía de los hombres? Nadie tiene ningún argumento para seguir a esos eruditos después de que han se opuesto al Corán, al Mensajero y a la Gente de la Casa (a) adulterando la sharía de Dios Glorificado y Altísimo.

Aquellos son los juristas del Fin de los Tiempos que hacen la guerra al Imam Al-Mahdi (a). ¡¿Acaso queda argumento para alguno de sus seguidores después de que aquellos han seguido a Satanás (maldígalo Dios) y se han pronunciado por la soberanía de los hombres?! Además de que todas las religiones reconocen la soberanía de Dios Glorificado. Pues los judíos esperan a Elías (a), los cristianos esperan a Jesús (a) y los musulmanes esperan al Mahdi (a). ¿Acaso el judío le dirá a Elías: “Regresa, pues tenemos elecciones y democracia, y son mejores que la designación divina”? ¡¿Acaso el cristiano le dirá a Jesús (a): “Tú, que montas un asno, que vistes lana, comes poco y renuncias a este mundo: regresa. Pues tenemos jefes electos que disfrutan de este mundo a lo alto y a lo ancho de lo lícito e ilícito, y ellos están de acuerdo con nuestros deseos y antojos”?!

¡¿Acaso los musulmanes —y en especial, los shiíes— dirán al Imam Al-Mahdi (a): “Regresa, hijo de Fátima. Pues nuestros juristas ya han hallado la solución ideal que es la democracia y las elecciones?!” ¡¿Acaso el imitador de los juristas —de los juristas del Fin de los Tiempos— dirá al Imam Al-Mahdi (a): “Ya ha quedado claro para nuestros juristas que la verdad está en la consulta, el cobertizo y las elecciones”?!

¡¿Acaso finalmente dirán que la gente de aquel cobertizo estaba en lo cierto y que el Comandante de los Creyentes, Alí, el hijo de Abu Talib (a) era un fanático?! ¡¿O qué dirán o cómo resolverán esta contradicción en la que se han metido?!

Y no les diré a esos eruditos —según la opinión predominante que hay de ellos, porque yo no los considero eruditos— sino lo que diría un simple hombre iraquí: “¿Es religión o barro?”. Pues vosotros la habéis igualado a barro con barro.

Nosotros, los shiíes rechazamos a Omar, el hijo de Jattab. Él dijo “consulta” y “elecciones”, y hoy vosotros, eruditos del Fin de los Tiempos, reconocéis la consulta y las elecciones. Entonces, ¡¿qué ha cambiado?!

En todo caso, la Torá y el Evangelio presentes actualmente reconocen la soberanía de Dios en la Tierra, no la soberanía de los hombres. Ambos libros representan un argumento irrefutable para el judío y el cristiano. Los teóricos democráticos se han esforzado en occidente por refutar estos textos presentes en la Torá. Incluso, algunos de ellos dijeron que probablemente están adulterados, como Spinoza en el Tratado teológico-político; para intentar librarse de estos textos que confirman la soberanía de Dios en la Tierra y rechazan la soberanía de los hombres.

En cuanto al Corán, desde el principio hasta el final, reconoce la soberanía de Dios y rechaza la soberanía de los hombres. Y no importa el entendimiento incorrecto de quien busque tergiversar las palabras de Dios según su deseo para defender a fulano y a fulano, o la creencia de fulano con la corrupción del que los defiende y la falsedad de lo que cree. Además, esta corrupción es clara y no cuesta mucho reconocerla.

Empecemos por las aleyas que corroboran la soberanía de Dios en su Tierra:

1) {Di: «Oh Dios, Rey del reino, entregas el reino a quien quieres y quitas el reino a quien quieres, y enalteces a quien quieres y humillas a quien quieres. En tu mano está el bien. Ciertamente, Tú eres sobre todas las cosas Todopoderoso}.[12]

Esta aleya es clara evidencia de que el reino pertenece a Dios y que Él, el Glorificado, designa a quien Él quiere. Dijo el Altísimo:

{«Yo soy el que pone en la Tierra un califa»}.[13]

Así que, después de esta aleya, nadie tiene que ser designado rey o elegido rey o gobernante cuando Dios Glorificado Altísimo no lo ha designado. Este reino o soberanía divina lo concede Dios a quien Él quiere. No es imprescindible que el rey designado por Dios gobierne de hecho, pues talvez fuera vencido en su época y alejado del timón del gobierno como ha ocurrido a lo largo de la historia del hombre. Así pues, Abraham (a) no gobernaba, sino que gobernaba Nemrod (maldígalo Dios), Moisés (a) no gobernaba, sino que gobernaba el faraón (maldígalo Dios), Husein (a) no gobernaba, sino que gobernaba Yazid (maldígalo Dios) y así sucesivamente. Dijo el Altísimo:

{¿O es que envidian a los hombres por lo que les ha otorgado Dios de su favor? Pues ya hemos dado a la familia de Abraham el libro, y la sabiduría, y les hemos dado un reino grandioso}.[14]

Por lo tanto, aunque a la familia de Abraham (a) ya se le había dado el reino y la soberanía divina completamente, sin embargo fueron tratados con aires de superioridad, sometidos y alejados del timón del gobierno del cual se apoderaron los opresores. Así que la gente debe consolidar al califa de Dios en la Tierra en el timón de liderazgo, pues si no lo hacen, habrán perdido su oportunidad y enojado a su Señor.

As-Sadiq (a) dijo: «… en cuanto a lo que dijo Dios: {No es de vosotros plantar sus árboles},[15] dice que no es propio de vosotros designar a un imam por vuestra cuenta y llamarlo legítimo por vuestros deseos o vuestra voluntad».

Luego As-Sadiq (a) dijo: «A tres Dios no les hablará ni los mirará el Día de la Resurrección, ni los purificará y para ellos hay un tormento doloroso: para quien haya hecho crecer un árbol que no ha plantado Dios, es decir, para quien designe a un imam que no ha designado Dios, o luche contra quien Dios ha designado».[16]

2) La historia de Saúl: {¿No has visto a los notables de los hijos de Israel después de Moisés, cuando dijeron a un profeta de ellos: «Mándanos un rey para que combatamos en el camino de Dios»?}.[17]

Este grupo creyente y justo de los hijos de Israel creía en la soberanía de Dios Glorificado y Altísimo, así que no designaron a nadie, sino que pidieron a Dios que Él les designe un rey. Esta es la prueba más grande de que la ley divina en todas las religiones reconoce que al gobernante lo designa Dios, no los hombres con elecciones.

3) Yo soy el que pone en la Tierra un califa: {Y cuando dijo tu Señor a los ángeles: «Yo soy el que pone en la Tierra un califa»}.[18] El califa de Dios debe ser el gobernante en la Tierra. El primer califa fue Adán (a), pero para cada época hay un califa de Dios en la Tierra. En este época el califa de Dios es el Mahdi (a), así que los hombres deben consolidarlo en el gobierno porque él es el designado por Dios Glorificado Altísimo, y no oponerse por las elecciones y la democracia.

4) Dijo el Altísimo: {Y quien no juzgue con lo que ha hecho descender Dios, pues aquellos son los infieles}.[19] Y dijo el Altísimo: {Y quien no juzgue con lo que ha hecho descender Dios, pues aquellos son los injustos}.[20] Y dijo el Altísimo: {Y quien no juzgue con lo que ha hecho descender Dios, pues aquellos son los trasgresores}.[21]

mahdiEs evidente que el gobernante ha de enfrentar problemas nuevos en cada época y deberá tener acierto y un saber especial de Dios con el cual saber gobernar en los nuevos acontecimientos. ¿Y quién que no sea el califa de Dios juzgaría con lo que Dios ha hecho descender? Pues está establecido que nadie puede juzgar con lo que ha hecho descender Dios excepto el califa de Dios en la Tierra.

En cuanto a la evidencia que refuta la soberanía de los hombres y las elecciones, pues es muy abundante. Este es un episodio para quien ponga oído y sea testigo.

La historia del Moisés con su pueblo:

{Y eligió Moisés de su pueblo a setenta varones para nuestra cita. Así pues, cuando los cogió el temblor, él dijo: «Señor mío, si hubieses querido los habrías destruido antes y a mí. ¿Has de destruirnos por lo que han hecho los necios de entre nosotros? Esto no es sino una tribulación tuya con la cual extravías a quien quieres y guías a quien quieres. Tú eres nuestro patrono. Así pues, perdónanos y ten misericordia de nosotros. Y tú eres el mejor de los perdonadores»}.[22]

Este es Moisés (a), un profeta infalible, eligiendo a setenta varones de entre los mejores de los hijos de Israel, y todos ellos descreyeron y se rebelaron contra él y contra el mandato de Dios Glorificado y Altísimo. Así que si un profeta infalible como Moisés (a) elige a setenta varones para una misión divina y resulta que ninguno de ellos está apto para esta misión, ¿cómo es que los hombres comunes eligen al gobernante y al rey? Quizás elijan al peor de la creación de Dios sin saber.

Estas evidencias son suficientes para quien busque la verdad. Para quien quiera más tiene al Corán entre sus manos clamando al oído de los desatentos:

{Y ciertamente, ya hemos escrito en los Salmos, después del Recuerdo, que la Tierra será heredada por mis siervos buenos * Y no te hemos enviado sino como misericordia para los mundos * Di: «Es que se me ha inspirado que vuestra divinidad es una. ¿Acaso, pues, seréis musulmanes?» * Y si se vuelven, entonces di: «Os he llamado por igual. Y no sé si está cerca o lejos lo que se os ha prometido» * Él sabe el pregón de lo dicho y sabe lo que ocultáis * Y no sé. Quizás sea una tribulación para vosotros y un disfrute por un tiempo» * Dijo: «Mi Señor juzga con la verdad, y nuestro Señor es el Misericordioso, al que se le pide ayuda contra lo que atribuís»}.[23]


[1] Al-Kafi, vol. 8, pág. 308, Bihar al-Anwar, vol. 52, pág. 190.

[2] Nahyul Balaga, con comentarios de Muhammad Abdo, vol. 2, pág. 181, Al-Garat, vol. 2, pág. 584, Al-Gaiba de An-Numani, pág. 35.

[3] Nail al-Autar, vol. 9, pág. 229, Uyun Ajbar Ar-Reda (a), vol. 1, pág. 218.

[4] Sagrado Corán – sura «Hud» (Hud), 15.

[5] Sagrado Corán – sura «Ash-Shura» (La consulta), 20.

[6] Sagrado Corán – sura «Saba» (Saba), 51.

[7] Sagrado Corán – sura «Al-Báqara» (La vaca), 89.

[8] Sagrado Corán – sura «Al-Kahf» (La caverna), 110.

[9] Sagrado Corán – sura «Az-Zujruf» (Los ornamentos), 67.

[10] Sagrado Corán – sura «An-Nisá» (Las mujeres), 135.

[11] Ilzam an-Nasib, vol. 2, pág. 131.

[12] Sagrado Corán – sura «Al Imrán» (La familia de Imrán), 26.

[13] Sagrado Corán – sura «Al-Báqara» (La vaca), 30.

[14] Sagrado Corán – sura «Al-Nisá» (Las mujeres), 54.

[15] Sagrado Corán – sura «An-Naml» (La hormiga), 60.

[16] Tuhaf al-Uqul, pág. 325, Bihar al-Anwar, vol. 23, pág. 276.

[17] Sagrado Corán – sura «Al-Báqara» (La vaca), 246.

[18] Sagrado Corán – sura «Al-Báqara» (La vaca), 30.

[19] Sagrado Corán – sura «Al-Maida» (La mesa), 44.

[20] Sagrado Corán – sura «Al-Maida» (La mesa), 45.

[21] Sagrado Corán – sura «Al-Maida» (La mesa), 46.

[22] Sagrado Corán – sura «Al-Araaf» (Las alturas), 46.

[23] Sagrado Corán – sura «Al-Anbiyá» (Los profetas), 105-112.


Del libro La soberanía de Dios, no la soberanía de los hombres del Imam Ahmed Alhasan (a)