Lo que ellos (a) dijeron sobre los predicadores

Esos que son la cabeza de la calamidad, pues son el aparato informativo sobre el cual se basan (los juristas inoperantes).

Del Mensajero de Dios (s): {… El más feliz de los hombres en las tribulaciones será todo aquel puro que se esconda, que si se dejara ver no sería reconocido y que si se ausentara no sería echado de menos. Y el más desgraciado de los hombres en ellas será todo aquel predicador desviado y viajero derrochador. Solo se librará de su maldad quien ofrezca una súplica como la de aquél que se está ahogando en el mar», Kanz al-Umal, Al-Mutaqqi al-Hindi, vol. 11, pág. 144.

De Alí, hijo de Ibrahim, del Tafsir al-Qummi: Sobre lo que dijo el Altísimo: {¿Acaso ordenáis a los hombres la virtud y olvidáis vuestras almas? Y vosotros recitáis la Escritura. ¿Es pues, que no razonáis?}. Esta descendió por los predicadores y cuentistas. Y el Comandante de los Creyentes (con él sea la paz) dijo: «Y sobre cada púlpito habrá un predicador desviado mintiendo sobre Dios, sobre su mensajero y sobre su Escritura», Bihar al-Anwar, vol. 69, pág. 223.

Del Comandante de los Creyentes (a), que en un largo sermón dijo: «… Luego vosotros, banda de pandilleros famosa por el saber, recordada por el bien y conocida por los consejos, ¡por Dios!, que en el alma de los hombres hay veneración por vosotros. Os reverencia el noble y os respeta el débil. Os honra aquel que no es mejor que vosotros y al que no habéis tendido la mano. Intercedéis por las necesidades mientras las apartáis a los que las necesitan. Camináis por los caminos con una veneración de reyes y un prestigio de aristocracia. ¿Acaso no habéis conseguido todo esto porque se esperaba de vosotros que os levantarais con la verdad de Dios? Y habéis fallado al mayor de Sus derechos y habéis menospreciado el derecho de los imames. Pues, en cuanto al derecho de Dios y al derecho de los débiles, lo habéis abandonado. Y en cuanto a vuestro derecho, habéis afirmado y reclamado ser como los guardianes de una ciudad a la que habéis entregado con su gente a los enemigos, al modo de los médicos que reciben el pago completo por la medicina y despojan al enfermo. Pues no hay dinero que hayáis gastado por Aquel que lo ha provisto, ni vida por la que os hayáis arriesgado por la causa de Aquel que la ha creado, ni clan del que hayáis sido enemigos por la causa de Dios. Luego pedís a Dios su Paraíso y ser vecinos de sus mensajeros, pedís inmunidad y escape frente a Sus enemigos, y pedís acaparar el encuentro con los ángeles por la gracia de Dios. Temo por vosotros, deseosos de Dios, que una de Sus venganzas caiga sobre vosotros, porque habéis alcanzado por el prestigio de Dios una posición con la que os habéis beneficiado. A quien conoce a Dios no lo honráis, y entre Sus siervos sois venerados por Dios. Ya veis que se violan las alianzas de Dios y no os espanta, pero si se viola la supuesta alcurnia de vuestros padres sí os espantáis. O veis negligentes la responsabilidad de Su mensajero contenida y al ciego, al sordo y al enfermo crónico de las ciudades sin que seáis misericordiosos. Y no obráis de acuerdo a vuestra posición ni asistís a quienes obran de acuerdo a ella. Entre halagos y fortalezas os veo junto al injusto, seguros entre todo lo que Dios os ha ordenado prohibir y renunciar, mientras sois desatentos a ello. Pues vosotros sois la mayor desgracia de los hombres cuando sois descuidados con el enfermo desde una posición de eruditos. Si os dierais cuenta. Porque el curso de los asuntos y los estatutos está en manos de los eruditos de Dios en Su Escritura, a quienes les han sido confiadas las cosas lícitas e ilícitas, y vosotros habéis robado esa posición. Y no la habéis robado sino por vuestro apartamiento de la verdad y vuestra oposición a la tradición después de una clara evidencia. Si hubierais sido pacientes con el perjuicio y hubierais llevado la carga por la causa de Dios, los asuntos de Dios serían respondidos por vosotros, emitidos por vosotros y a vosotros se los remitiría. Pero habéis dado poder a los injustos por vuestra crisis y habéis entregado los asuntos de Dios en las manos de aquellos, que actúan en incertidumbre y caminan en concupiscencia. La autoridad de ellos en esto es por vuestro escape de la muerte y por vuestra admiración por la vida, que es vuestra bifurcación. Así pues, habéis entregado en sus manos a los débiles, a los esclavizados y subyugados, y al que, menoscabado en su sustento, está desamparado. Aquellos fluctúan en el reinado por sus opiniones con insolencia hacia el Omnipotente, llenándose de humillación por sus deseos y emulando a los malignos. En cada país de ellos, sobre su púlpito hay un predicador desviado. La tierra está indefensa por ellos que extienden sus manos sobre ella y hacen rebosar las manos de los líderes. Sus espadas se desenvainan contra ellos y vuestras espadas son rechazadas. La gente para ellos son servidumbre que no los toca, que está entre el tirano pertinaz y el que tiene control sobre el débil, entre el severo y el obedecido que no conoce al Iniciador Recreador. He aquí algo asombroso y que no me extraña: la Tierra plagada de estafadores tiranos, caritativos oprimidos y efectivos sin ninguna misericordia para con los creyentes. Así pues, Dios es el que gobernará sobre lo que disputamos y es el que juzgará con su gobierno sobre lo que ocurra entre nosotros. Oh, Dios, Tú sabes que no es propio de nosotros desear el poder ni procurar ningún despojo inútil. Pero hemos de restaurar los trazos característicos de Tu religión y manifestar la rectitud en Tu país, para que tus siervos oprimidos estén seguros, para que obren de acuerdo a Tus preceptos, Tu tradición y Tus estatutos. ¿Acaso no habrá por cada sangre un día de cólera, cólera por nuestra sangre, por parte de Aquel que gobierna por Su propio derecho, y por el derecho de los parientes, y los huérfanos, y los necesitados, y por el hijo del camino? Aquél será Dios, que no es incapaz de cumplir lo que le piden. A Él no se le escapará quien haya huido y enseñará al que haya sido injusto qué lugar de retorno le espera», Al-Miayar wa al-Muwazana, de Abu Yafar Al-Iskafi, pág. 274.


Del libro El Yamani prometido, el Argumento de Dios del Jeque Haidar Az-Ziadi