¿Por qué el reformador esperado?

1) La religión:

  • a) Dios, Glorificado y Altísimo:

Dijo el Altísimo: {No he creado al genio y al hombre sino para que me adoren}.[1]

En las narraciones de ellos (a) se describe esto como “conocer”. Así que la tarea más importante del reformador esperado (a) es hacer que los hombres conozcan a Dios Glorificado y Altísimo y conducirlos hacia Dios, pues él es el conductor de Dios Glorificado y un argumento suyo para sus siervos.

  • b) Los mensajeros (a):

La segunda tarea del reformador esperado es hacer que los hombres conozcan a los mensajeros, mostrar la opresión de ellos y que son califas de Dios en la Tierra privados de sus derechos y usurpados de su herencia.

  • c) Los mensajes:

La tercera tarea del reformador esperado (a) es hacer que los hombres conozcan los mensajes celestiales y la legislación divina, alejar de ella la adulteración y lo falso, y mostrar la verdad, la creencia con la que se complace Dios Glorificado y Altísimo y la sharía que complace a Dios Glorificado.

Por consiguiente, lo más importante que trae el reformador esperado (a) para la reforma de la religión es la ciencia, el conocimiento y la sabiduría (y les enseñe la Escritura y la sabiduría). Ya ha sido narrado en el hadiz de As-Sadiq (a): «La ciencia son veintisiete letras. Todo lo que trajeron los mensajeros son dos letras. Así que los hombres no han conocido hasta hoy sino estas dos letras. Y cuando se levante nuestro Qaim sacará veinticinco letras y las revelará entre los hombres y agregará estas dos letras hasta revelar veintisiete letras».[2]

2) Este mundo:

El reformador esperado, como dicen todos los partidarios de las religiones celestiales, es el que lo llenará de equidad y justicia después de que se ha llenado de injusticia y opresión (este mundo). Esto es bien sabido entre los musulmanes, pues ya ha sido mencionado por el Mensajero de Dios (s) y por la Gente de su Casa (a), y lo han narrado sunníes y shiíes.[3]

Entonces, ¿cuáles son las cuestiones que comprende la soberanía de Dios que hasta son la causa por la cual la Tierra se llenará de equidad y justicia? Antes de investigar este importante tema quiero aclarar algo no menos importante, que más bien, muestra la importancia de investigar este tema. Nosotros, como musulmanes shiíes y basados en lo narrado por el Mensajero (s) y la Gente de su Casa sobre las señales de la aparición y el levantamiento del reformador esperado, estamos de acuerdo en que estos días son los días de su aparición y levantamiento (a). Naturalmente, no nos interesa la opinión de quienes andan a tientas en tinieblas y no han examinado las narraciones. Luego, los cristianos del mundo también consideran que estos días son los días de la aparición y del levantamiento del reformador esperado (a) que para ellos es Jesús (a). Es más, he leído el libro de un sacerdote cristiano que escribió a mediados del siglo pasado en el cual considera que los presagios de la aparición y la resurrección menor ya habían comenzado en el Reino de los Cielos.

En cuanto a los judíos, pues ellos consideran que estos días son los días de la Resurrección Menor. Incluso, muchos rabinos aseveran que estos días son los días del regreso de Elías (a) y la aparición del reformador mundial. Hace unos días, no mucho, un grupo de ellos arrojó panfletos desde aviones a los musulmanes de Palestina reclamándoles que abandonen Tierra Santa, porque ya había llegado la hora de la Resurrección Menor. Es que estos días son los últimos días después de los cuales solo quedarán en Tierra Santa los justos y según las creencias judías ellos son los justos.

Siendo este el caso, queda claro que todos los religiosos que se adhieren a lo narrado o auténticamente mencionado —según ellos— por los profetas (a), reconocen que estos son los días de la Resurrección Menor y de la aparición del reformador mundial esperado (a). Siendo esos los días de su aparición, cuando él llenará la Tierra de equidad y justicia después de haberse llenado de injusticia y opresión, nos queda claro que en este mundo estos son los días llenos de injusticia y opresión.

Y aquí se hacen dos preguntas:

Primera: ¿Cómo es que este mundo se llenó de injusticia y opresión?

Ya se ha aclarado anteriormente la respuesta a esto y me referiré a ella a continuación.

Segunda: ¿Cómo es que se llenará de equidad y justicia?

Esto es lo que quiero empezar a explicar, subrayando algunas cuestiones sobre la soberanía de Dios Glorificado y Altísimo que serán la causa de que la Tierra se llene de justicia.

1) La ley (la constitución general y otras):

El que establece la ley es Dios Glorificado y Altísimo. Él es el creador de esta Tierra y de quien esté sobre ella. Él sabe lo que corrige a su gente y habitantes, ya sean seres humanos, genios, animales, plantas u otras criaturas que conocemos y no conocemos. Él conoce el pasado, el presente y el futuro, lo que corrige el cuerpo y el alma de la humanidad, y lo que corrige al género humano como un todo. Así que la ley debe contemplar el pasado, el presente, el futuro, el género, el alma humana, el interés del individuo, el interés del grupo y el interés de las demás criaturas. Es más, debe contemplar hasta los cuerpos inertes, como la tierra, el agua, el entorno, etc. ¿Y quién sino Dios Glorificado y Altísimo conoce en detalle todas estas cosas cuando muchas de ellas están ocultas, lejos de la percepción y la concepción, es decir, que no se pueden saber ni conocer sus características, etc.?

Luego, si suponemos que hay uno que conoce todos estos detalles, ¿de dónde elaborará una ley que contemple todos estos detalles, cuando algunos se contradicen en la práctica? ¿En dónde pondrá el interés? ¿Y en qué legislación?

Seguramente sólo estará en la ley divina y la sharía celestial; porque el que la establece es el Creador de la creación y Él conoce lo secreto y lo más oculto. Él es el Todopoderoso que da curso a las cosas como Él quiere, Glorificado y Altísimo sea sobre lo que le asocian.

2) El rey o gobernante:

No hay duda de que el liderazgo —como sea, ya fuere dentro del círculo de la soberanía de los hombres, dictatorial o democrática, o dentro del círculo de la soberanía de Dios Glorificado y Altísimo— tiene un efecto directo en la sociedad humana; porque la sociedad está obligada a escuchar este liderazgo, por lo menos naturalmente, pues el ser humano tiende de forma natural a seguir un líder designado por Dios Glorificado y Altísimo.

{La naturaleza de Dios que Él ha hecho natural para los hombres. No hay cambio en la creación de Dios. Esa es la religión valiosa}.[4]

Este líder es patrono de Dios y califa suyo en la Tierra. Si el patrono de Dios es usurpado de su derecho y el espejo de la naturaleza humana se enturbia con la oscuridad de la vida de este mundo, el ser humano aceptará cualquier liderazgo alternativo al del patrono de Dios —argumento suyo sobre sus siervos— para remediar la carencia real del alma, aunque este liderazgo alternativo estuviera en sentido inverso y fuera hostil hacia el patrono de Dios en la Tierra y argumento suyo sobre sus siervos. El ser humano a menudo escucha el liderazgo representado por el gobernante, y este liderazgo solo puede estar en uno de dos jefes: en el patrono de Dios y argumento suyo sobre sus siervos como gobernante designado por Dios Glorificado y Altísimo, o en cualquier otro. Es igual que sea un dictador autoritario de fuerza bruta o electo por elecciones libres y democráticas. El gobernante designado por Dios Glorificado y Altísimo se pronuncia por Dios; porque él solo habla por la orden de Dios, y no se adelanta ni se atrasa en nada excepto por la orden de Dios.

En cuanto al gobernante designado por los hombres o aquel que los domine, no se pronuncia por Dios Glorificado y Altísimo en lo absoluto. El Mensajero de Dios (s) ya había dicho lo que esto significaba: «Quien escucha a alguien que se pronuncia lo adora. Si el que se pronuncia se pronuncia por Dios, pues adora a Dios y si el que se pronuncia se pronuncia por el demonio, pues adora al demonio».[5]

Así que solamente están el que se pronuncia por Dios y el que se pronuncia por el demonio. No hay terceros. Todo gobernante que no fuere patrono de Dios y argumento suyo sobre sus siervos se pronuncia por el demonio de una forma u otra, y cada uno según la cantidad de falsedad que lleve.

Ya ha sido narrado por ellos (a) el significado de esto: «Toda bandera anterior a la del Qaim es bandera de falso dios».[6] Es decir, toda bandera cuyo dueño no esté relacionado con el Qaim (a).

Por lo tanto, el gobernante designado por Dios Glorificado y Altísimo se pronuncia por Dios y el gobernante no designado por Dios Glorificado y Altísimo se pronuncia por el demonio. Y desde luego que el que se pronuncia por Dios reforma la religión y este mundo, y el que se pronuncia por el demonio corrompe la religión y este mundo.

Queda decir que Dios Glorificado y Altísimo sabe lo que hay en las almas y distingue al bueno del malo. Él elige y selecciona a este patrono y califa suyo, y no hay mejores que este en su creación, nadie es más meritorio sobre la Tierra, ni más correcto, ni más justo, ni más sabio y Dios lo protege de los resbalones y equivocaciones, y lo conduce hacia la rectitud y la reforma.

En cuanto a los hombres, si se oponen a la designación de Dios Glorificado y Altísimo, su elección solo caerá en inicuos de la creación de Dios. De hecho, Moisés (a), que era un profeta infalible, eligió a setenta varones de su pueblo creyendo que eran rectos para luego ver y darse cuenta de la corrupción de ellos. Esta es una lección para quien la considere y para que recuerde el que recuerde, y es una señal para quien ponga oído y sea testigo.[7]

3) La ley y el gobernante en la soberanía de Dios Glorificado gozan largamente de perfección e infabilidad

Sobre la base de esto, se dispone la reforma de la situación política, económica y social de la gente. Esto es porque todos estos aspectos de la vida de la gente dependen de la ley y el gobernante, puesto que la ley es lo que la organiza y el gobernante el que la hace cumplir. Si la ley es de Dios Glorificado, la organización de estos aspectos es la más beneficiosa y completa. Si el gobernante es patrono de Dios, y califa suyo en la Tierra y de los mejores de su creación, la aplicación de la ley divina es perfecta y completa, y de la mejor forma.

Por consiguiente, si la nación acepta la soberanía de Dios en la Tierra, triunfa con lo mejor de la religión y de este mundo, y sus hijos serán felices en este mundo y en la otra vida. En efecto, lo mejor que asciende de la Tierra al cielo asciende de los hijos de la nación que acepta la soberanía de Dios en la Tierra, que es la lealtad y la adhesión al patrono de Dios, pues sobre él desciende lo mejor que desciende del cielo a la Tierra. Él es el éxito de Dios Glorificado y Altísimo, y esta nación se convierte en la mejor de las naciones que hayan surgido de los hombres, porque habrá aceptado al patrono de Dios y califa suyo en la Tierra.

{Y si la gente de las aldeas hubiera creído y se hubiera guardado, habríamos abierto para ellos bendiciones del cielo y la Tierra. Pero lo desmintieron y los arrebatamos por lo que se han ganado}.[8]

Las naciones se consideran superiores en la medida que acepten al califa de Dios en la Tierra y acaten sus órdenes. Desde aquí, la nación que acepta al Imam Al-Mahdi (a) es la mejor nación que surge para los hombres.

{Sois la mejor nación que ha surgido para los hombres. Ordenáis lo reconocido, y desaconsejáis lo detestable}.[9]

Aquellos son los trescientos trece compañeros del Qaim y quienes lo seguirán.

Con respecto a la nación que rechace al patrono de Dios y califa suyo en la Tierra, pues comete la mayor estupidez y ha de perder este mundo y la otra vida, pues en este mundo estará la humillación y la bajeza, y en la otra vida el Infierno y un mal lugar de reposo.

Por último, quisiera destacar que no creo que haya alguien que crea en Dios Glorificado y Altísimo, y crea luego que la ley que elaboran los hombres sea mejor que la ley de Dios Glorificado y Altísimo, o que el gobernante designado por los hombres sea mejor que el gobernante designado por Dios Glorificado y Altísimo.

Y la alabanza a Dios solamente.

{Y si te ven no te toman sino a broma: «¿Este es al que envió Dios como mensajero?» * «Es que casi nos desvía de nuestras divinidades si no hubiéramos sido pacientes con ellas». Y pronto sabrán cuando vean el tormento quién se ha extraviado del camino}.[10]


[1] Sagrado Corán – sura «Ad-Dariyat» (Los vientos huracanados), 56.

[2] Mujtasar Basair ad-Darayat, pág. 117, Bihar al-Anwar, vol. 52, pág. 336.

[3] Esto ha sido narrado por fuentes sunníes y shiíes. Mencionaré algunas narraciones dejando afuera muchas para ser breve. Del credo sunní, en Sunan Abu Daud y otros, dice: De Abu Tufail, de Alí —que Dios Altísimo se complazca de él—, del Profeta (s) que dijo: «Aunque no quedara a la era sino un día, Dios ha de enviar un varón de la Gente de mi Casa que la llenará de justicia como se ha llenado de opresión», Sunan Abu Daud, vol. 2, pág. 310.

Al-Hakim en el Mustadrak narró: de Abdulá Bin Masud —que Dios se complazca de él— que dijo: «Vino a nosotros el Mensajero de Dios (s) jubiloso. Se veía la alegría en su rostro. Y nosotros no le preguntamos nada sino que él nos informó. Y comenzamos a hablar hasta que pasaron unos muchachos de Bani Hashem, entre ellos iban Hasan y Husein. Cuando los vio los abrazó y cerró los ojos. Entonces dijimos: “Oh, Mensajero de Dios, todavía vemos algo en tu rostro que nos disgusta”. Entonces dijo: “Nosotros somos la Gente de la Casa, Dios ha elegido para nosotros la otra vida por encima de este mundo. Y es que la Gente de mi Casa será expulsada o desplazada en el país hasta que se alcen banderas negras en el este. Ellos reclamarán su derecho y no se les dará, lo reclamarán y no se les dará, lo reclamarán y no se les dará. Entonces combatirán y vencerán. Quien de vosotros o después de vosotros se entere de él, pues que vaya al imam de la Gente de mi Casa aunque fuera arrastrándose por la nieve. Pues esas son banderas de guía que señalan al varón de la Gente de mi Casa cuyo nombre coincide con mi nombre y el nombre de su padre con el de mi padre. Él ha de poseer la Tierra para llenarla de equidad y justicia como se llenó de opresión e injusticia”», Al-Mustadrak, vol. 4, pág. 464.

Del credo shií: de Abu Basir, de As-Sadiq Yafar, hijo de Muhammad, de su padre (a) que dijo: «El Mensajero de Dios (s) dijo: “El Mahdi es mi descendencia. Su nombre es mi nombre y su apelativo es mi apelativo. Para la gente será parecido a mí, en complexión y carácter. Tendrá una ocultación y habrá un desconcierto, hasta que la creación se desvíe de sus religiones. Cuando suceda eso, se aproximará algo como una fulgurante estrella fugaz. Y él la llenará [la Tierra] con equidad y justicia como se llenó de injusticia y opresión”», Al-Imama Wa At-Tabsira, pág. 119.

[4] Sagrado Corán – sura «Ar-Rum» (Los romanos), 30.

[5] Véase: Al-Kafi, vol. 6, pág. 434, Uyun Ajbar Ar-Reda, vol. 2, pág. 272.

[6] Ya lo ha narrado Al-Kulaini en Al-Kafi y Numani en Al-Gaiba. Este es el texto en Gaiba de Numani: de Malik Bin Ain Al-Yahni que dijo: «Escuché a Abu Yafar Al-Baqir (a) decir: “De toda bandera que se alce” —o dijo “que salga”— “antes de que se levante el Qaim, (a) su dueño será falso dios”», Al-Kafi, vol. 8, pág. 295, Gaiba de Numani, pág. 115, Wasail Ash-Shia (la familia de la casa), vol. 15, pág. 52, Al-Fusul al-Muhimmat fi Usul Al-Aimma, vol. 1, pág. 451, Bihar al-Anwar, vol. 52, pág. 143, Yamia Ahadiz Ash-Shia, vol. 13, pág. 66, Muyam Ahadiz al-Imam Al-Mahdi (a), vol. 3, pág. 431.

As-Safar lo narró del Imam As-Sadiq (a), que dijo a Mufaddal: «Oh, Mufaddal, todo juramento de lealtad antes de la aparición del Qaim (a) es juramento de incredulidad, hipocresía y engaño. Que Dios maldiga al que jure lealtad así y a quien le sea jurada esa lealtad…», Mujtasar Basair ad-Darayat, pág. 183.

[7] Fue narrado por Saad Bin Abdulá Al-Qummi en un largo hadiz, que él, siendo un muchacho pequeño, preguntó al Imam Al-Mahdi (a) sobre la vida de su padre, Hasan Al-Áskari (a). Le dijo: «“Infórmame, mi Maulá, sobre la razón que impide a la gente elegir al imam por sí misma”. Entonces él (a) dijo: “¿Al reformador o al corruptor?”. Dije: “Al reformador”. Él dijo: “¿Y acaso no podría ser que eligieran al corruptor puesto que nadie sabe lo que le pasa por la mente, si reforma o corrupción?”. Dije: “Por supuesto”. Dijo: “Esa es la razón que expondré para ti con la prueba que afirmará tu intelecto. Se me ha informado sobre los mensajeros que Dios ha elegido y sobre los cuales ha hecho descender la Escritura ayudándolos con la inspiración y la infabilidad. Ellos eran luminarias de las naciones y los más guiados de ellos para elegir, como Moisés y Jesús —con ambos sea la paz. ¿Acaso podría ser que con la riqueza de sus intelectos y la perfección de sus saberes, al querer elegir a los mejores de entre ellos elijan al hipócrita pensando que es creyente?”. Dije: “No”. Dijo: “Pero aquí está Moisés, el interlocutor de Dios, con riqueza de intelecto y perfección de saber, aquel sobre el cual desciende la inspiración, eligiendo entre los notables de su pueblo y del frente de su ejército para la cita con su Señor, a setenta varones de cuya fe y sinceridad él no dudaba, y su elección cayó en hipócritas. Dijo Dios (a): {Y eligió Moisés de su pueblo a setenta varones para nuestra cita}. Hasta que dijo: {Y cuando dijisteis: «Oh, Moisés, no creeremos en ti hasta que hayamos visto a Dios manifiestamente». Y os sorprendió el rayo} por sus injusticias. Entonces cuando vemos que el escogido de Dios para la profecía elije al más corrupto en lugar de al más recto pensando que es el más recto en lugar del más corrupto, nos damos cuenta que no hay elección excepto la de Aquel que sabe lo que esconden los pechos, lo que es el fuero interno y sobre qué se conjugan los secretos. Y es que no tiene importancia lo que elijan los emigrantes y los ansar después de que los profetas (a) ya habían elegido a corruptos por haberlos visto como gente recta”», Kamal ad-Din, pág. 461, Dalail al-Imama, pág. 515, Bihar al-Anwar, pág. 96.

[8] Sagrado Corán – sura «Al-Aaraf» (Las alturas), 96.

[9] Sagrado Corán – sura «Al Imrán» (La familia de Imrán), 110.

[10] Sagrado Corán – sura «Al-Furqán» (El discernimiento), 41-42.


Del libro La soberanía de Dios, no la soberanía de los hombres del Imam Ahmed Alhasan (a)