Presentación del libro de “La ilusión del ateísmo”

Finalmente, y por primera vez en la historia, ha comenzado un debate “serio” entre la fe y el ateísmo…

¿Por qué digo por primera vez?

Simplemente, porque creo que todas las discusiones que ha habido antes no pueden considerarse debates ni respuestas reales al ateísmo científico. Porque han sido debates y discusiones entre quienes afirman representar a las religiones con su propio punto de vista y comprensión de los textos religiosos, y ateos que responden a una religión tal como la presentan sus eruditos y no la religión misma… ¡Talvez mis palabras no agraden a algunos!

¿Quién de nosotros no se ha planteado, aunque fuera en un período de su vida, preguntas existenciales a las que buscó las respuestas para saciar esta curiosidad del ser humano en su búsqueda permanente de la comprensión de las cosas y sus orígenes? Ya sea que estas preguntas sean a nivel de la vida sobre esta Tierra, por ejemplo: “¿por qué existimos?”, “¿tiene algún significado la vida?”, “¿quién es el ser humano?” o “¿de dónde viene nuestra civilización?” O ya sea a nivel de todo el universo, por ejemplo: “¿cómo podemos entender el universo en el que vivimos?”, o “¿el universo ha necesitado de un creador?”

Las respuestas posibles son muchas y muy diversas, pero finalmente parecen estar limitadas a elegir entre dos opciones: Dios o la ciencia… ¿la fe en un dios o la fe en la ciencia?

¿Acaso realmente tenemos, como parece, que elegir entre la fe en un dios o la fe en la ciencia?

Realmente, veo al ateísmo hoy, por razones lógicas, congratularse por su victoria científica contra los hombres de religión. Quienes afirman representar a las religiones responden a temas científicos que consideran contradictorios con la religión sin ningún entendimiento de los textos religiosos ni de las teorías científicas. Personalmente, me he dado cuenta por la lectura de las respuestas de los hombres de religión o por mirar entrevistas o programas de televisión, que tienen una comprensión equivocada y totalmente distorsionada y luego responden sobre la base de esta comprensión equivocada con palabras ingenuas a las que mezclan el paralogismo habitual a partir de una falacia tratando de congraciarse.

¿Quién no ha escuchado estas declaraciones: “¡la evolución afirma que el origen del ser humano es un simio!” Algo, por cierto, completamente equivocado. O “¡la evolución quiere que creamos que todo lo que vemos es casual!” Palabras que son incorrectas pero que lamentablemente, ¡tienen partidarios! Estas palabras que provienen de los hombres de religión o de sus seguidores, ya sea por falta de información o deliberadamente, dan el mismo resultado.

Últimamente, algunos hombres de religión, bajo la presión de las evidencias de las teorías científicas, ¡han comenzado a rendirse y a reconocer que son ciertas, por un lado, y que no se oponen a la religión, por otro lado!

Pero… ¡¿cómo no se oponen a la religión?!

Las teorías científicas que consideran los ateos ahora representan una tesis complementaria que pinta otra imagen del origen del universo, su evolución, el surgimiento de la vida sobre la Tierra y su evolución, sin la necesidad hipotética de “que exista un dios”. Además, esta imagen también contiene la historia del origen y la evolución de la religión como un producto humano. Por lo tanto, la historia científica de la creación, en su mirada, no necesita de la existencia de un dios consciente y un autor con un propósito. ¿Acaso algún científico inteligente puede afirmar la concordancia de un cien por ciento de la narrativa científica actual con la fe en un dios sin dar una solución a las contradicciones entre ambas?

Así que tenemos dos interpretaciones diferentes aparentemente contradictorias. Este panorama nos recuerda las cinco teorías de cuerdas y lo que ha elaborado para unificar la teoría cuántica y la teoría general de la relatividad, ya que parecían irreconciliables y contradictorias, y la teoría de todas las cosas o teoría M vino para demostrar que todas eran perspectivas diferentes de la misma realidad.

¡El libro La ilusión del ateísmo suprime las discrepancias y coloca cada pieza en su lugar para mostrar “cada cosa” en una única imagen armoniosa!

Ahmed Alhasan ha logrado plenamente atraer la atención y el interés del lector no especializado para hacerle llegar información científica, y al mismo tiempo, ¡ha sabido exactamente cómo llamar la atención del científico especializado en los puntos que merecen destacarse! Una tarea difícil de realizar…

El libro discute con una precisión científica sin precedentes las teorías más importantes comprobadas experimental, matemática y teóricamente, abordando diferentes ciencias, como: biología evolutiva, ingeniería genética, medicina, antropología, geología histórica, historia de la antigüedad, arqueología, física teórica, cosmología, filosofía y otras.

Es importante señalar que el libro, realmente, contiene un debate científico de primer orden con el profesor Richard Dawkins, considerado uno de los mayores biólogos evolutivos contemporáneos, y un debate con el profesor Stephen Hawking, uno de los mayores científicos de física teórica y matemáticas aplicadas, especialista en cosmología y autor de la teoría comprobada de la radiación de los agujeros negros. Se incluyen debates científicos con investigadores de las civilizaciones antiguas, que sobre la base del enfoque del profesor Samuel Kramer proponen una lectura de la historia del hombre antiguo que lleva a concluir que la religión es un producto humano que ha surgido hace miles de años y ha evolucionado con los sumerios y los acadios, hasta llegar a los musulmanes, pasando por los judíos y los cristianos.

Y no soy exagerado cuando digo: que el libro que usted tiene es de un estilo genial, claro hasta un límite que sorprende, un viaje de exploración que parte “del ser humano” para volver “al ser humano”, vinculando las cuestiones científicas más profundas relacionadas con el origen de la vida y el género humano, y la naturaleza del universo, por un lado, y la existencia de un dios con un propósito, sabio y legislador, por otro lado. Todo esto lo convence, al menos temporalmente, de que no hay otra cosa que pueda ser más importante que conocer a este dios. Un viaje de seis capítulos que monopoliza el interés desde su primera página hasta la última, donde Ahmed Alhasan demuestra que la ciencia no se opone a la existencia de un dios.

Los hombres de religión, muchas veces, responden a las teorías científicas sin ninguna comprensión, como antes mencioné. En la elección que el autor hizo para comenzar el libro en el capítulo primero se muestra el papel crucial que aún juegan los hombres de religión de diferentes orígenes, judíos, cristianos y musulmanes sunnis y shias. Usted encontrará en este capítulo ejemplos notables de las respuestas de los representantes de las religiones relacionadas especialmente con la teoría de la evolución. El autor no solo enumera ejemplos, sino que los analiza y responde a ellos como un científico especialista, mostrando el vacío científico y el lamentable y vergonzoso grado de ingenuidad de ellos al mismo tiempo. Luego, el autor demuestra la imposibilidad de lo que algunos de ellos defienden como una posible combinación entre una tesis absoluta de la evolución y la fe en un dios, sin eliminar las contradicciones aparentes.

El autor no descuida ni un momento la imparcialidad para el lector ni la imparcialidad para los juristas de las religiones, cuyas posturas criticó en el capítulo primero. Ya sea que el lector crea que la teoría de la evolución es incorrecta, que es simplemente una “hipótesis” o una teoría no comprobada y que todavía hay esperanza de que se encuentre algo “muy pronto” que la refute y la destruya para que finalmente triunfen los eruditos de las religiones que la niegan, o sea un erudito de la religión que tenga una posición similar a una de las situaciones criticadas en el capítulo primero; Ahmed Alhasan, en el capítulo segundo, explica las teorías del surgimiento y el desarrollo. Señalando las evidencias, de una manera —que personalmente creo— que puede aprovecharse para la enseñanza o la divulgación científica de la evolución, así como también la anatomía comparada, los fósiles, la evolución en las cadenas de vida existentes, la ley de la evolución cósmica general, la atrofia o pérdida de extremidades, los ecosistemas aislados, la existencia de diferentes sistemas biológicos con características anómalas en algunos organismos, la domesticación y la cría, los indicios genéticos como la fusión del cromosoma 2 en el ser humano y el intercambio de retrovirus entre el ser humano y los demás primates.

También responde en este capítulo a los principales argumentos que se plantean en torno a la teoría, para luego abordar el punto exacto de las hipótesis del surgimiento de la vida sobre la Tierra y la ausencia de cualquier teoría científica que ofrezca una explicación científica aceptable respaldada por evidencias. Esta es, en realidad, una brecha en la supuesta concepción atea integral.

Al final de este capítulo, o talvez antes, usted tendrá una buena noción para adoptar una postura final frente a la teoría de la evolución, por un lado, y a las respuestas de los que afirman representar a las religiones por otro.

El texto religioso establecido no se opone a la teoría de la evolución. El autor demuestra esto en el capítulo tercero, explicando los principales textos religiosos que a algunas personas religiosas se les ha hecho creer que se oponen a la teoría de evolución y explicando la imposible veracidad de algunos otros. Luego —por primera vez— explica el lugar religioso de Adán en la historia científica de la evolución de la vida y su relación con las demás especies humanas anteriores, así como la evolución del cuerpo con el que su espíritu humano se vinculará en una tesis única y sin precedentes, respaldada por argumentos científicos e históricos.

En el mismo capítulo también aborda las fantasías de algunos sobre la historia de la creación del cuerpo de Eva (con ella sea la paz) a partir del cuerpo de Adán (con él sea la paz) respondiendo a la historia de las relaciones incestuosas entre sus hijos.

En este capítulo responde también a una de las cuestiones religiosas más complejas y difíciles en la que creen cristianos y musulmanes, y que nunca ha sido respondida hasta ahora, la explicación científica posible de la historia del nacimiento de Jesús (con él sea la paz) sin un padre.

Como la teoría de la evolución representa a los ojos de los ateos una teoría completa que explica el surgimiento de la vida y su evolución sin necesidad de que exista un dios, entonces ¿qué lugar ocupa el dios de las personas religiosas que la aceptan? El capítulo cuarto nos transporta a la demostración de la existencia de este dios a partir de la misma teoría. Se estudia el mapa genético, las leyes de evolución o desarrollo, la selección natural y sus objetivos, lo cual lo llevará al menos, ¡a reconsiderar la inexistencia de un dios!

Por otro lado, este capítulo plantea “el enfoque del diseño inteligente”, ya que sus defensores intentan demostrar que hay un diseño inteligente en la cadena de los organismos y sus miembros, y, por ende, demostrar la existencia de un dios. Sin embargo, el diseño inteligente enfrenta un conjunto de serios defectos. Pues, si el diseñador es “Dios”, cuya ciencia y capacidad son absolutas, como tal, su diseño debería ser perfecto y sin defectos como el alargamiento del nervio laríngeo, entonces ¿cómo se interpreta este “error” en el diseño?

Luego, este viaje de conocimiento nos lleva durante el capítulo quinto a otro de los tipos de evolución, “la evolución cultural”. En realidad, el salto cultural y que la especie humana haya podido hacer frente a la corriente abrumadora del egoísmo del gen que no tiene otro propósito más que su supervivencia, fue gracias a la ética y al altruismo verdadero, cuya aparición y continuidad no ha sido explicada ni siquiera en la teoría de los memes. ¿Cuál es la causa de este salto cultural que ha ocurrido solamente en los últimos miles de años?

Para responder a estas preguntas, Ahmed Alhasan nos transporta a la primera civilización y cultura que apareció sobre esta Tierra, a través de las epopeyas y las historias sumerias que representan el gran avance cultural que apareció de repente en la Mesopotamia. Aprenderemos sobre tablillas y los personajes; ¡aprenderemos sobre Gilgamesh y Dumuzi…! Leeremos sus epopeyas con una lectura nueva y única, que cambiará 180 grados nuestra perspectiva de estos textos para aprender de una forma realmente sorprendente la historia completa de la religión divina desde entonces con todos sus detalles y fundamentos. Luego nos llevará a Noé y a la historia del gran diluvio narrada y explicada por los libros celestiales, además —por primera vez— sabremos cómo, cuándo y dónde ocurrió. ¿Acaso abarcó toda la Tierra destruyendo toda vida con este diluvio como creen algunos juristas de las religiones que no pueden explicar los argumentos más simples como la sola presencia de animales endémicos en islas aisladas, la gran cuestión de cómo hizo Noé para reunir a miles de animales de diferentes tamaños, especies y entornos, además de darles de comer y de beber, sin mencionar los millones de especies de insectos que existen, de dónde habrían venido y cruzado el agua que habría de cubrir todo el globo terrestre?… En el capítulo quinto se encuentra la explicación a todas estas cuestiones difíciles de entender, donde se une la precisión científica con los textos religiosos establecidos.

Después de debatir la teoría del surgimiento y la evolución de la vida sobre la Tierra y su relación con la fe en un dios, y explicar el salto cultural en la historia humana, el capítulo sexto debate la teoría del nacimiento y la evolución espontánea del universo a partir de “la nada”. Este debate no solo necesita de una mirada nueva de los hechos y las cosas, sino también teorías científicas capaces de manejar otros niveles de volúmenes, distancias, tiempos, niveles de energía, temperaturas y cosas similares. El universo en el que vivimos ahora (o lo que observamos de él) que es mucho mayor que la Tierra y nuestra galaxia, que es la Vía Láctea y que contiene un enorme número de estas galaxias, al principio era infinitamente pequeño, más pequeño que el átomo más diminuto de nuestras células, mucho más pequeño, simplemente un punto. Ya se sabe que su nacimiento fue en condiciones extremas de energía y densidad, y en algunas de sus primeras etapas alcanzó una velocidad muy superior a la velocidad de propagación que la luz permite (la etapa de inflación).

El viaje en búsqueda del origen de la existencia nos transporta en el capítulo sexto a un examen de todo lo que nos rodea, ya sea espacio, tiempo, fuerzas, energía, materia y masa para luego pasar partículas, antipartículas, planetas, estrellas, galaxias, agujeros negros, luego a la luz, la materia oscura, la gravedad y la extraña energía oscura… De esta manera, Ahmed Alhasan nos invita, en este capítulo, a detenernos en los descubrimientos científicos más recientes y en las explicaciones teóricas, sumergiéndonos profundo en el pasado inmemorial de la creación hace más de 13 mil millones de años. Debate el nacimiento del universo y la teoría del Big Bang, pasando por la relatividad especial y general, la física cuántica y los múltiples universos, para llegar a la candidata que es la teoría “integral”, o sea, la teoría M (M theory).

Este avance exponencial que la física ha conocido desde principios del siglo pasado y especialmente con el advenimiento de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, nos ha permitido conocer las limitaciones de nuestra simple comprensión del mundo que se basa en la experiencia cotidiana. En la física reciente hay numerosas cuestiones extrañas que chocan con nuestra visión de los hechos y las cosas y que son difíciles de entender o incluso de imaginar. ¿Cómo se puede entender que una partícula determinada (por ejemplo, una partícula de luz o de materia) no ocupe un lugar determinado, que sea un conjunto de partículas fantasmas o una onda de probabilidades de existencias fantasmas y que el observador es el que la hace real al enfocarse en ella o al observarla? Luego, ¿a dónde van las demás existencias fantasmas para que quede solo una de ellas? ¿O por qué la función de onda colapsa haciendo que la partícula se comporte como un cuerpo real? ¿Cómo puede entenderse que el observador afecta al comportamiento de las partículas sabiendo que el mundo entero consiste en compuestos de partículas? ¿Cómo puede entenderse y explicar la transferencia de información a una velocidad superior a la velocidad de la luz cuando esto es imposible en el marco de la teoría de la relatividad?

Lo más sorprendente de esto y aquello es la teoría de los universos paralelos, que en cada tiempo de Planck el universo se subdivide en un vertiginoso número de estos, ¡y el observador es el que determina uno de ellos! Luego, ¿quién es este observador? ¿Cuáles son sus límites? ¡¿Es una condición inicial o final en la ecuación de la existencia de este universo nuestro?!

¿Cuál es el significado de la teoría de membranas o teoría M? ¿Cuál es el significado de la existencia de más de cuatro dimensiones en este universo, once dimensiones hasta ahora? ¿Y cuál es la respuesta a lo que recientemente, el profesor Stephen Hawking ha propuesto del origen del universo y su comienzo, según el cual, la teoría M y la teoría cuántica serían suficientes para explicar la aparición del universo de la nada, que la aparición del universo de la nada no necesita más que de la existencia de la ley de gravedad, la cual está disponible desde el principio según la teoría de todo o teoría M, y que el universo puede aparecer sin necesidad de suponer la existencia de un dios? ¿Y qué significa cuando los físicos dicen que la suma de la energía positiva y la energía negativa en un universo físico es igual a cero? ¡¿Acaso es suficiente responder que la causa de la existencia del universo es la existencia de una ley de origen desconocido y un espacio inicial de origen desconocido, y que el universo, o más bien, los universos, se crean y continúan creándose espontáneamente por sí solos?!

¿Acaso podemos como seres intelectuales, cada vez que no logramos una comprensión integral por lo que ofrecen nuestras teorías, conformarnos con la anulación de la causalidad o prohibir la pregunta obvia y razonable acerca de una causa, que ha sido y todavía es la motivación y el motor de la investigación científica durante miles de años, del “¿por qué?” ¡¿Acaso es suficiente, por ejemplo, ridiculizar esta pregunta por las palabras de un científico ganador del premio Nobel o candidato a él, que describe a “la pregunta acerca de la causa” como a una pregunta “estúpida” o “innecesaria”?!

Todas estas cuestiones tan importantes son abordadas por Ahmed Alhasan en este valioso libro La ilusión del ateísmo restaurando la equidad a los textos religiosos, que no creo que nadie haya comprendido su significado hasta hoy…

Entre la negligencia y el exceso: la navaja de Ockham y el cuchillo de Lichtenberg … En el ámbito científico y filosófico hay determinados controles para abordar las teorías y los modelos. No quiero examinarlos, pero me limitaré a algunos ejemplos que necesitaré, por ejemplo: si tenemos una teoría comprobada experimental y teóricamente, que explica perfectamente todo lo que se ha previsto, la consideramos una teoría buena y no vemos la necesidad de buscar otra si la teoría fracasa en algunos aspectos y triunfa en otros, y si existe una manera de corregirla o enriquecerla, de otro modo, se debe buscar otra en la medida de lo posible. A veces, esto resulta tan complicado que tenemos que elaborar una segunda teoría para suplir las deficiencias y talvez las dos teorías no puedan integrarse como el caso de la relatividad y la mecánica cuántica.

Sin embargo, también están los casos en los que ambas teorías simulan los hechos y las experiencias proporcionando las mismas predicciones y ninguna de ellas puede primar sobre la otra, entonces se elige la más simple y elegante de las dos. Entre los elementos más importantes de esta simplicidad y elegancia está el limitarse a imponer solamente lo que es necesario. Por ejemplo: si suponemos que el modelo del éter y el modelo de la relatividad son idénticos desde donde se los mire (que no es el caso) sin duda que los científicos elegirán el modelo de la relatividad porque no hay necesidad de suponer la existencia del éter (talvez tenga un retorno o, de hecho, haya retornado, pero en otra forma: la nada cuántica). Otro ejemplo: la constante cosmológica de Einstein, que, de hecho, fue abandonada en cierto período, fue restablecida por necesidad. Y hay otros ejemplos en los que su abandono fue definitivo.

Esto constituye el principio metodológico en la investigación filosófica y científica, aunque no esté demostrado, al menos no de forma completa, en el sentido estricto del término. Este principio es más conocido con el nombre de “navaja de Ockham” que corta todo lo que es superfluo. Se hace referencia a él en famoso diálogo atribuido a Laplace y Napoleón.

«Napoleón: ¡señor Laplace, no encuentro que en su sistema se mencione a Dios!

Laplace: Sire, no he necesitado esa hipótesis.

Otros académicos lamentaron que Laplace se ahorrara en utilizar ¡una hipótesis que podía explicar todo!

Laplace responde esta vez: sí, señor, esta hipótesis explica todo, pero no nos permite predecir nada, y yo, como científico, debo ofrecerle trabajos que permitan predicciones». Fin de la cita.

Este principio puede formularse de varias maneras y también puede llamarse de varias formas. Así que me permitiré formularlo del siguiente modo: “se debe buscar la más simple de las soluciones, pero sin negligencia ni exceso”. En cuanto a la fórmula latina atribuida a Guillermo de Ockham (que vivió entre el siglo XIII y el XIV) es:

“Pluralitas non est ponenda sine necessitate”

Que aproximadamente significa: “La pluralidad no se debe postular sin necesidad”.

Sin embargo, la navaja de Ockham es una navaja de doble filo y su mal uso puede dar un resultado completamente opuesto. Entre sus malos usos está la abstención excesiva de la finalización de la teoría o imponer su finalización a partir de una interpretación a expensas de axiomas. El libro La ilusión del ateísmo, según lo que plantea su autor, entrega muchos puntos de este uso, por ejemplo: la explicación ortodoxa de la mecánica cuántica en comparación con la explicación de la causalidad que asume la existencia de otros universos a tal efecto… Así, el autor demuestra que la explicación no solamente es una necesidad y que la hipótesis de los múltiples universos no es accesoria, sino que también se asume de una forma u otra en otros aspectos de la teoría del nacimiento del universo (teoría M).

Entonces, nos damos cuenta de que la teoría responde a la pregunta de “por qué” con un “es así, sin ninguna causa”. Es decir, que el uso de la navaja de Ockham no es correcto, pues la transforma en una navaja sin mango a la que solo le falta el filo del “cuchillo de Lichtenberg”.

Así que el libro La ilusión del ateísmo da soluciones para resolver las contradicciones entre estas teorías. Luego, describe los aspectos más importantes en los que se nota un mal uso de la navaja de Ockham en las teorías del surgimiento y la evolución de la vida, del universo y de la cultura humana.

Encontrará a un hombre de gran conocimiento de la vida y de los mecanismos de su evolución en sus más finos detalles, a veces un experto en biología y otras en arqueología, en historia humana o en tablillas. Luego olvidará todo esto cuando sienta que está leyendo uno de los más maravillosos libros de divulgación cosmológica. Finalmente, descubrirá a un destacado científico sin parangón, superior en todos los niveles.

No me cabe ninguna duda de que el estimado lector notará una de las características más llamativas de este libro, que es la gran integridad científica reflejada en todos sus capítulos. De hecho, todas las citas que hace el autor están completas sin ninguna amputación. Esto es algo muy importante pues da una sensación de confianza y serenidad, demostrando honestidad y equidad…

Así que no puedo sino ver lo fascinado que estoy por este libro… pero no solo por esta razón, sino también por este magnífico estilo, por esta fluida conexión entre lo que parece imposible de vincular a primera vista… No puedo ocultar tampoco que gran parte de esta fascinación es provocada por el inmenso respeto que tengo por su autor, tanto por su humanidad como por su intelecto, en todos los sentidos de esta palabra, sin ser irrespetuoso o arrogante, y sin ninguna ambigüedad. Usted verá que no adula a quien no merece adulación y que elogia a quien merece elogio, pues el autor invita a todo ser humano intelectual a investigar y a no satisfacerse sino con el conocimiento.

Aunque supuse que estaría preparado para el final del libro, fue una sorpresa para mí llegar a la última página y descubrir que el libro había terminado… pues cada capítulo me otorgaba la oportunidad de continuar sabiendo más de estos temas planteados por primera vez. ¡En la última página perdí esa esperanza al final de mi viaje, que me hubiese gustado continuar por siempre…!

Talvez haya abusado de las palabras “por primera vez” en mi introducción al libro de La ilusión del ateísmo, pero espero que me disculpe —estimado lector— después de terminar de leerlo o quizás antes. Dudo que un ser humano justo sea capaz de resistirse a este libro, pues no tendrá más opción que, por lo menos, reconocer la fuerza y la ciencia de sus argumentos y razonamientos…

Sin embargo, personalmente no puedo confirmar el resultado que producirá después de completar este libro y si elegirá “ateísmo y ciencia”, “religión y ciencia” o “mito” que es algo que no le desearía en ningún caso… pero no me arriesgo al decir: que el libro le brindará definitivamente, además con una explicación simple y precisa al mismo tiempo, las teorías contemporáneas más complejas y su relación con la existencia o no, de un dios, la oportunidad de poner los puntos más importantes de controversia e incompatibilidad entre la ciencia y la fe en un dios, en su lugar, y conocer las pruebas de los teóricos ateos y la respuesta a ellos, de forma científica y precisa, siendo esto claramente, algo que está en gran parte ausente en las demás obras de los juristas de las religiones, y todo con la esperanza de que usted llegue a conocer la ilusión del ateísmo y los signos del monoteísmo.

En cuanto a la decisión, el escritor Ahmed Alhasan la deja en sus manos de todos modos…

Dr. Tawfik Masrour

En cuanto a los científicos ateos, digo: que este libro ha abierto realmente por primera vez, la puerta del diálogo y la discusión sobre bases científicas, al plantear interpretaciones y soluciones nuevas, que no pueden sino ser consideradas, valoradas y discutidas. Del mismo modo, el libro elige contradicciones y ambigüedades de algunas partes de las teorías científicas, por consiguiente, el autor transporta las ambigüedades a la escena científica. Por esto, ignorar, no considerar el material presentado en este libro o la falta de refutación, puede inferir, lógicamente y con toda sencillez, que no existe ninguna contradicción con lo que el autor ha publicado. Por supuesto que las mismas observaciones y consecuencias se aplican a los juristas de las religiones.

Yo no puedo —en mi condición de hombre de ciencia académica— sino expresar mi alegría por la existencia de este libro, independientemente del juicio que se haga sobre lo que se propone en él. Los grandes desafíos científicos son el motor fundamental para avanzar en las investigaciones científicas y filosóficas, y sin ellos, el resultado será el estancamiento o incluso, el retroceso intelectual. La historia es un buen testigo de ello.

Así pues, digamos que el libro La ilusión del ateísmo es el nacimiento de un diálogo civilizado, y espero con firmeza y anhelo, que el diálogo prospere y crezca según la ley de selección científica del argumento y la evidencia más fuertes: “el nacimiento y la prosperidad de un diálogo entre la ciencia y la religión”.

Disfrute su lectura.

Dr. Tawfik Masrour[1]


[1] El Dr. Tawfik Masrour obtuvo su doctorado en Matemática Aplicada de la Ecole Nationale des Ponts et Chaussées – ENPC de París, Francia en el año 1995 con Mención de Honor y Felicitaciones del Jurado, bajo la dirección del Miembro de la Academia Francesa de Ciencias P. G. Ciarlet. Previamente obtuvo un Diploma de Estudios Avanzados (DEA en Modelado Matemático e Informática Científica de la Universidad Pierre et Marie Curie (Paris 6) en 1992. Desde 1998 es profesor en la Escuela Nacional de Artes y Oficios ENSAM de la Universidad de Meknes de Marruecos e investigador en el equipo de investigación “inteligencia artificial para las ciencias de la ingeniería” de la Escuela Nacional Superior de Artes y Ocupaciones para Ingenieros (ENSAM). Ha trabajado en la Universidad René Diderot (Paris 7) en París (1995-1997) y también en la Universidad Franche Comté (2001-2003) de Besançon, Francia. Sus áreas de interés en la investigación científica son los modelos matemáticos, la inteligencia artificial, la teoría del control (Control Theory), la observación de los sistemas distribuidos mediante el análisis global y micro local de singularidades (Global and microlocal analysis of singularities).


Del libro La ilusión del ateísmo del Imam Ahmed Alhasan (a)