¡¿Observamos las cosas o las creamos con la observación?!

Cuando hablamos de mecánica cuántica no hablamos de otro universo o de un cuento de ciencia ficción, sino que hablamos de nuestros cuerpos y de todas las cosas que nos rodean, pues nuestros cuerpos y todas las cosas que nos rodean están formados de partículas cuánticas gobernadas por leyes de la mecánica cuántica ajenas a nuestra percepción clásica. Las leyes de la mecánica cuántica han sido demostradas con experimentos y en base a ellas se han diseñado aparatos. Ellas gobiernan el universo en su totalidad.

El eje de la mecánica cuántica gira en torno a la cuestión de que la realidad es lo que registramos mediante la observación, o digamos, que lo real se determina como real cuando lo observamos, es decir, que nuestra observación es lo que lo determina como real y lo saca del circuito de probabilidad. Esta cuestión ya es ajena a nuestra simple percepción humana en este universo; ya que implica que nosotros determinamos incluso nuestro pasado cuando lo observamos; estas palabras no tienen sentido dentro de los límites de nuestra vida diaria; porque solo observamos el presente, al menos eso es lo que creemos. Pero al nivel de nuestra observación cósmica, nosotros observamos la radiación cósmica de fondo, que es la radiación residual (fotones) del Big Bang a una temperatura de 2.73 Kelvin y la edad de esta radiación es de 13.7 mil millones de años aproximadamente, o sea, que nosotros no observamos solo el pasado, sino que observamos el comienzo del tiempo en nuestro universo, y observamos el punto más distante en el eje del tiempo.

Se dispara una serie de electrones a dos rendijas y en la pantalla de atrás se forma un patrón de interferencia, como si los electrones fueran ondas. Pero si se observan los electrones el comportamiento de estos cambia y se comportan como partículas.

Está el experimento mental de elección retardada planteado por John Wheeler, que es similar al experimento de las dos rendijas en una placa. Esta vez tenemos un sistema para determinar el paso de un fotón o un electrón (o sea, una partícula cuántica) por una de las dos rendijas. Pero no se monitorean las dos rendijas, sino la partícula después de su paso por las dos rendijas, de manera que se determina su paso por una de las dos. Cubrimos la lente del sistema de observación con una cortina que tiene ranuras que pueden abrirse y cerrarse como las que se utilizan en las persianas, que si están cerradas no permiten pasar a los fotones y si están abiertas lo permiten. De esta manera, se determina el paso de la partícula por una de las dos rendijas. Ahora, si disparamos la partícula y la persiana está abierta, el experimento será como si estuviéramos observando las dos rendijas y observaremos que la partícula pasa por una de ellas. Pero si la persiana está cerrada, el experimento será como el experimento clásico de las dos rendijas, la partícula cruza hasta la pantalla y encontramos un patrón de interferencias donde vemos que solo una partícula atraviesa las dos rendijas al mismo tiempo. Sin embargo, supongamos que no determinamos la situación de la persiana que colocamos sobre la lente hasta que la partícula haya atravesado el área de las dos rendijas, luego determinamos la situación de la cortina, si la hemos abierto o la hemos cerrado. En ese momento determinaremos la situación de la partícula en el pasado, es decir, en el momento en el que pasó por las dos rendijas basados en nuestra elección retardada. Será una partícula identificada (una sola partícula) que haya atravesado una de las dos rendijas, o un conjunto de partículas fantasmas, o un haz de onda que haya atravesado las dos rendijas a la vez, o sea, que una sola partícula atravesó las dos rendijas en el mismo instante.

En otros términos: nosotros en el presente hemos determinado por nuestra elección y observación la situación de esta partícula en el pasado.

Más claramente: esta partícula tiene más de un pasado o más de una historia, pues podría haber pasado por una de las dos rendijas o por ambas al mismo tiempo. Pero nosotros determinamos uno de los dos pasados, y lo hicimos realidad por nuestra elección y nuestra observación en el presente.

Si este es el caso, es decir, que la observación en el presente, concreta, determina o crea el pasado, sabiendo que el universo en conjunto incluidos nosotros, es un sistema cuántico, y que el universo nació de un suceso cuántico, también podemos decir: que nosotros, mediante nuestra observación y monitoreo de la radiación cósmica de fondo, hemos creado (hemos concretado o determinado) el Big Bang, un pasado o una historia determinada del universo, entre muchas otras historias posibles del universo.

O más claramente: nosotros, gracias a nuestra observación, hemos causado la existencia de una historia (un pasado) del universo, adecuada para la formación de la materia y las galaxias, dentro del cual podemos ser creados y vivir en él, entre varias otras historias del universo que no son adecuadas para que se formen la materia y las galaxias, y eventualmente surjamos nosotros.

Es decir, que nuestra existencia, de acuerdo a esta interpretación, representa una condición de la existencia del universo en el que vivimos.

Por esto podemos entender que nosotros, como género humano, representamos el objetivo principal de la existencia.

«Te consideras un cuerpo pequeño y dentro de ti habita el mundo más grande,

tú eres el libro claro por cuyas letras se manifiesta lo implícito».


Del libro La ilusión del ateísmo del Imam Ahmed Alhasan (a)