Un comienzo para el universo

El universo en el que vivimos está compuesto de materia que podemos ver, la cual consiste en nubes gaseosas, escombros de rocas, planetas y estrellas ardientes. Están dispuestos en grupos que giran sobre sus órbitas y estos grupos se llaman galaxias. Algunas de estas galaxias que contienen cientos de miles de millones de estrellas y, talvez algunas lleguen a un billón, se precipitan en el universo y se alejan unas de otras con una velocidad y una aceleración notables. Algunas tienen forma de espiral, otras son ovaladas, otras helicoidales, otras desorganizadas y otras deformadas; como resultado de la colisión de dos galaxias. Estas galaxias se organizan en cúmulos galácticos que representan regiones de materia visible en el universo y un cúmulo galáctico puede contener cientos o miles de galaxias.

Estas son cuestiones básicas demostradas mediante la observación astronómica y algunas leyes físicas como el efecto o ley de Doppler de la variación relativa de la frecuencia. Lo que nos interesa aquí es la conclusión a la que llegaron los astrónomos de que las galaxias se mueven con una velocidad y una aceleración alejándose unas de otras, es decir, que el universo se expande y no es estático. Por lo tanto, en el pasado era más pequeño y de mayor densidad, y esto significa que el universo tuvo un comienzo y que no es infinito. Esto ya se ha demostrado con las observaciones, mediante el efecto Doppler de la variación relativa de la frecuencia y luego con la radiación cósmica de fondo. Sin embargo, antes de la radiación cósmica de fondo había un rival para el Big Bang, el modelo estacionario propuesto por Hermann Bondi, Thomas Gold y Fred Hoyle. Se puede decir que el modelo estacionario: fue un intento por explicar el alejamiento mutuo de las galaxias, donde el universo no habría tenido un comienzo. Fue un intento por suprimir este comienzo y lo que representa: el indicio de la existencia de algo más grande que este universo y que causó su comienzo.


Del libro La ilusión del ateísmo del Imam Ahmed Alhasan (a)