Aplicando la ley general de la evolución cósmica a la vida terrestre

Hubble – NASA

A nivel del universo en su conjunto, encontramos —según la teoría del Big Bang— que éste comenzó de una forma muy simple, para luego multiplicarse y volverse más complejo. Luego, estas enormes cantidades de materia, estrellas, planetas y galaxias se formaron de una singularidad o punto de singularidad. Detallaremos este surgimiento si Dios quiere, y veremos que, de acuerdo a la aplicación del efecto Doppler a las observaciones astronómicas del universo, el universo se expande y las galaxias se separan aceleradamente. Además, hay planetas, estrellas y galaxias nuevos continuamente, pues el universo se multiplica, aumenta, se expande y se acelera continuamente en este tiempo y en el pasado. Con respecto a la vida terrestre, que es una parte de este universo, no hay problema en aplicarle la misma ley progresiva de evolución cósmica, pues su comienzo fue muy simple y a partir de este comienzo simple comenzó luego la multiplicidad y la complejidad. Esto, además de coincidir con la ciencia, también coincide con la correcta creencia religiosa sobre la creación, y coincide con la tradición de Dios que no cambia; puesto que los siete cielos y las cosas existentes posibles o lo creado, en general, comenzaron con una simple primera emanación, para que después de esto, surja la multiplicidad y la complejidad. Por ejemplo: cada vez que nos alejamos (en un aspecto cognitivo) de la fuente de existencia, encontramos que las cosas existentes se multiplican, se hacen más complejas y que aumenta la incompatibilidad entre las cosas existentes, pues el sexto cielo es más complejo y tiene más multiplicidad que el séptimo cielo, y el quinto más que el sexto, y así sucesivamente. También, si estudiamos la situación del cielo físico en particular, encontramos que según la teoría del Big Bang, comenzó de una forma simple y fue hacia la complejidad y la multiplicidad, así que no hay impedimento en que la vida terrestre esté gobernada por la misma ley cósmica que llamamos tradición divina y que no cambia. Es más, la conformidad con esta inmutabilidad de la tradición dice que debe ser así. Por eso su comienzo es simple, para que a partir de este comienzo simple surja luego la multiplicidad y la complejidad, como es la tradición de Dios en los siete cielos y como es la tradición de Dios en el cielo físico.

En cuanto a lo que algunos de ellos afirman, que el universo físico se dirige hacia el colapso y la aniquilación, y que, por consiguiente, la vida terrestre debe estar así por estar sujeta a las mismas leyes cósmicas creyendo que con esto ya han invalidado la ley de la evolución o la teoría de la evolución, pues es incorrecto. Este, en realidad, es un argumento ingenuo, pues incluso, aunque supusiéramos que el universo hoy se dirige hacia el colapso —cuando en realidad está en una etapa joven— esto no significa que su comienzo haya sido complejo y múltiple. Es más, ha sido demostrado científicamente que el comienzo del universo fue simple, que ocurrió una gran explosión, y que luego, gradualmente ocurrió la multiplicidad y la complejidad. Esto no menoscaba la validez de la teoría de la evolución, aunque se suponga que la vida terrestre avanza hacia el final, el colapso y la aniquilación; porque su marcha hacia el colapso en un período de tiempo posterior, por ejemplo, no significa de ningún modo que su comienzo haya sido múltiple y complejo. Pues puede ser que el comienzo haya sido muy simple, con una célula, por ejemplo y que luego ocurra la multiplicidad, la complejidad y la diversidad de la vida. Luego esta multiplicidad y complejidad se dirigen hacia el colapso y la aniquilación, como ocurre con el ser humano en su vida, que comienza a partir de una simple célula en el vientre de la madre que luego se multiplica y se vuelve más compleja. Luego crece, llega a la juventud, avanza hacia el colapso y la aniquilación, debilitándose y, por último, muriendo. Ya hemos debatido este tema con más detalle en el capítulo primero.


Del libro La ilusión del ateísmo del Imam Ahmed Alhasan (a)