¡¿Dónde estamos?!

Esta pregunta, que he respondido en el tema anterior, es considerada una de las preguntas doctrinales más insistentes en el ser humano, si no la primera y principal pregunta doctrinal que se hace el ser humano, porque cae en el inicio del camino de la búsqueda de la verdad. Todo ser humano se hace esta pregunta repitiéndola en su pensamiento: ¿dónde estamos? o ¿dónde estamos en relación con Dios? ¿en dónde nos ha creado Dios?; ¿acaso nos ha creado dentro de su sustancia o en el exterior de su sustancia? Si ha sido en el exterior de su sustancia, entonces ¿dónde está este exterior? ¿acaso ha creado este exterior y luego nos ha creado a nosotros en él? ¿o es que este exterior es eterno sin principio?

Está claro que el lugar en cuestión no puede ser eterno sin principio; ya que esto implicaría una multiplicidad de entidades eternas o deidades absolutas. Pero si este lugar fue creado en su exterior, entonces ¡¿dónde fue creado?! ¡¿acaso lo ha creado en otro exterior más antiguo que él mismo?! ¡De esta manera la cuestión continuará hasta concluir, tarde o temprano, en un exterior eterno sin principio! Si el exterior en el que nos ha creado es eterno sin principio, o si la cadena concluye en una entidad eterna sin principio, entonces ¡habría varias entidades eternas y varias deidades absolutas! Esto, sin duda, es completamente falso y concierne al politeísmo. Los wahabis sostienen esto, es decir, que la creación está fuera de la sustancia divina, y creen en esta creencia corrupta, que es mucho peor que la de la trinidad cristiana.

En cuanto a afirmar que hemos sido creados dentro de su sustancia, esto implicaría un suceso dentro de su sustancia; porque pasaría a ser un lugar para los acontecimientos, y con esto se invalidaría su eternidad y su divinidad absoluta.

Si asumimos la hipótesis de un exterior eterno sin principio, o que en última instancia se llegue a un exterior eterno sin principio, no solo implicaría una multiplicidad de entidades eternas, sino también que sería un lugar de sucesos si contuviera a la creación. Esto significaría que sería un suceso por tener un comienzo, pero eterno y sin principio al mismo tiempo, lo cual es, por supuesto, imposible, pues una entidad no puede ser un suceso y eterna.

Además, afirmar que algo existe fuera de su sustancia y que se diferencia de ella, invalidaría su divinidad absoluta, Glorificado sea; porque invalidaría la absolutidad de su ser, pues este exterior sería un límite para Él, Glorificado y Altísimo; ya que Él no estaría en este exterior.

Así que la cuestión, como podemos ver, es muy compleja. Por eso, la mayoría de los que han escrito sobre creencias han optado por evitarla. Algunos musulmanes han elegido una respuesta aduciendo que Él no está ni dentro de las cosas ni en el exterior de ellas, que es más una negativa a responder que una respuesta a la pregunta o una solución a este dilema, y es una auto adjudicación de las palabras atribuidas al Imam Alí (con él sea la paz): [cercano a las cosas sin tocarlas, lejano a ellas sin separarse].[1]

Esta no es una respuesta detallada al dilema, es solamente una negación de dos respuestas incorrectas (que Dios está dentro de las cosas, o que está fuera de las cosas). El hecho de que los Imames (con ellos sea la paz) no hayan detallado esta cuestión doctrinal mayor relacionada con la demostración de la existencia de Dios y el monoteísmo, y que debe detallarse por las mismas razones que hemos citado y repetido previamente, es que las alegorías quedan, en algunos casos, para que las explique una de las Autoridades de Dios en su época, y para que esto sea una prueba en favor de él. Además: talvez algunas cosas no se expliquen, porque su tiempo y gente aún no han llegado. Pues, ¿quién podría entender el significado de velocidad de escape o singularidad, por ejemplo, en tiempos del Imam Comandante de los Creyentes (con él sea la paz)? ¿O entender que la materia lleva consigo misma su nada? ¿O entender la antimateria y muchas cosas cuyo tiempo no había llegado en esa época?

Al-Sadiq (con él sea la paz) dijo: [No todo lo que se sabe ha de decirse, ni a todo lo que ha de decirse le ha llegado su momento, ni a todo lo que le ha llegado su momento ha aparecido su gente].[2]

«Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir».[3]


[1] Fuente: Al-Qabanji, Musnad del Imam Alí – con él sea la paz, pág. 145.

[2] Fuente: Al-Hilli, Mujtasar Basair Ad-Darayat.

[3] Nuevo Testamento – Juan 16:13.


Del libro La ilusión del ateísmo del Imam Ahmed Alhasan (a)