La teoría del diseño inteligente

La teoría del diseño inteligente se basa en demostrar un diseño inteligente en la secuencia de los organismos y sus anatomías, y que este diseño es evidencia de un diseñador de los organismos. Por consiguiente, es una prueba de la existencia de un dios, y puede dividirse en:

La primera corriente: la teoría del diseño inteligente que afirma que la creación fue en una instancia. Esta teoría busca demostrar que los seres vivos fueron diseñados a través de un análisis de la precisión y la complejidad de los cuerpos de los organismos y su anatomía, y que, por lo tanto, son una realización directa, sin atravesar ninguna etapa de evolución. Este es el enfoque predominante y reconocido de la teoría del diseño inteligente. En general ya se ha aclarado la evidencia de la evolución, que es de suficiente fuerza y sobriedad como para hablar ingenuamente de una creación en una sola instancia.

La segunda corriente: la teoría del diseño inteligente puede concebirse de un modo compatible con la evolución y busca demostrar por medio de la estructura, la complejidad y la precisión del sistema de los cuerpos de los organismos y su anatomía, que los seres vivos fueron diseñados, que la evolución tiene un objetivo, y que detrás de ella hay un dios que busca alcanzar ese objetivo.

El nervio laríngeo recurrente lo hemos heredado de los peces

El problema con ambas corrientes es la presencia de grandes brechas en el diseño, a pesar de que se supone que el diseñador (el dios) es omnisciente y todopoderoso. El diseño de quien sea así debería ser integral y no contener grandes brechas como la debilidad de la espina dorsal del ser humano. La causa de esta debilidad es que está diseñada para un cuerpo inclinado y es un diseño incompleto para un cuerpo erguido como el cuerpo humano. Por eso muchas personas del globo terráqueo sufren de dolor de espalda por lo menos una vez en sus vidas. Por otra parte, está el nervio laríngeo y su longitud, que algunos especialistas en anatomía comparada consideran un error en el diseño y por lo tanto no puede haber un diseñador para cada especie; porque es una longitud sin utilidad real, más bien es perjudicial, ya que esta longitud expone al nervio a una mayor probabilidad de más sufrir daños que si fuera corto y breve, con una medida necesaria.

Con respecto a quienes hablan de una creación en una sola instancia, pues no se puede responder a este argumento de forma lógica; ya que el error del nervio laríngeo es un error grande y por lo tanto es suficiente para rechazar el diseño inteligente del cuerpo con todas sus anatomías para todas las especies. No se puede explicar un defecto de este grado de desviación del diseño inteligente a menos que sea simplemente una herencia evolutiva.

En cuanto a quienes hablan de la evolución y aún con esto hablan del diseño inteligente, y también creen que el diseñador es la divinidad absoluta, es decir, omnisciente y todopoderoso, el problema aún se sostiene; ya que en el diseño del cuerpo de los organismos hay un defecto que desmiente la omnisciencia del diseñador. En cuanto a los que hablan de lo que dijo Dios en el Corán, que la creación o el diseño y su implementación en la creación han sido a través de las manos de Dios, es decir, a través de la intermediación de la creación de Dios Glorificado sea, entonces puede justificarse que el diseño no sea completamente perfecto, y puede justificarse la presencia de un error pequeño en el diseño al principio de la evolución que se extendió como resultado de la evolución hasta convertirse en una herencia evolutiva acumulada que claramente aparece como un error en el diseño.

Esto representa también una evidencia clara de que el creador original es Dios Glorificado sea, el dios absoluto. Pero el creador directo no es Dios, Glorificado sea y Altísimo, sino que son criaturas venerables que iniciaron la creación por mandato de Dios Glorificado sea, que reflejan sus carencias como criaturas luminosas que contienen oscuridad; porque la luz que no tiene oscuridad es Dios, Glorificado sea y Altísimo, el mejor de los creadores, aquél que creó el primer intelecto, Muhammad (las salutaciones de Dios sean con él y su familia), que creó de él a las primeras luces y luego les ordenó iniciar la creación como Él quería, con su poder y su fuerza, Glorificado sea. Por esto dijo el Altísimo: {Y, ciertamente, hemos creado al ser humano de un extracto de barro * Luego hicimos de él una gota en una morada firme * Luego creamos de la gota, una sustancia colgante, y creamos de la sustancia colgante un embrión, y creamos del embrión, huesos, luego revestimos los huesos con carne, luego iniciamos otra criatura. Así pues, bendito sea Dios, el mejor de los creadores}.[1]

Nótese el singular y el plural también en el versículo: “hemos creado, hicimos, creamos, creamos, creamos, revestimos, iniciamos”, luego el versículo finaliza indicando que el principal de los creadores directos de la creación es Dios, Glorificado sea {Así pues, bendito sea Dios, el mejor de los creadores}. Dios aclaró la situación de aquellos creadores, que son las manos de Dios, Glorificado sea, es decir, aquellos por medio de los cuales, Dios, el mejor de los creadores, inició la creación {Y el cielo, lo hemos construido con manos y ciertamente, somos expansores}.[2]

Tal vez algunos digan: que la ubicación de la espina dorsal del ser humano con esta forma y el trazado del nervio laríngeo en el cuerpo con esta forma tengan una ventaja determinada en el curso de la evolución, o incluso en etapas de determinadas edades. Lo cierto es que, aunque esto se compruebe más allá de toda duda, tampoco niega el hecho de que estas cosas dependen de una herencia histórica evolutiva y, por lo tanto, excluye la creación en una sola instancia.

Tampoco niega que éste no sea un diseño procedente de un sabio todopoderoso, pues se podría imaginar que hay un diseño mejor que este y esto significa que este no es el mejor diseño, el más ideal y más completo. Por lo tanto, es inevitable aceptar lo que Dios aclaró en el Corán de la intermediación de las manos de Dios en la creación.

En conclusión:

En lo presentado en este capítulo hemos demostrado que la evolución tiene un objetivo probando que el mecanismo de inteligencia superior es su propósito desde el principio. Luego de esto, hemos intentado demostrar por medio de señales y connotaciones:

Que la mutación está legislada en algunos casos y, por consiguiente, se ha demostrado que tiene un objetivo.

También que la evolución, que es el resultado de una actividad coordinada de la mutación y la selección, está legislada y tiene un objetivo.

Nuestros oponentes suponen lo contrario, pero son totalmente incapaces de presentar alguna evidencia concluyente e irrevocable de una aleatoriedad completa, ya sea durante todo el proceso de mutación genética, o en el resultado final de la evolución, o digamos, a lo que ha llegado la evolución hasta ahora. Esto de por sí es suficiente para dejar al que busca demostrar la inexistencia de un dios con las manos vacías de evidencia formal e incapaz de determinar la inexistencia de un dios en esta etapa, si no reconoce la existencia de un dios en base a la evidencia que he presentado en este capítulo, por lo menos con respecto al mecanismo de inteligencia que es un objetivo de la evolución.


[1] Sagrado Corán, sura «Al-Muminun» (Los creyentes), 12-14.

[2] Sagrado Corán, sura «Ad-Dariyat» (Los vientos huracanados), 47.


Del libro La ilusión del ateísmo del Imam Ahmed Alhasan (a)